SALAMANCA FORUM 2026: LA ESCUELA DE SALAMANCA ANTE LOS DESAFÍOS DEL SIGLO XXI
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Salamanca, la ciudad que hace cinco siglos contribuyó a sentar las bases del derecho internacional y a renovar la reflexión sobre la dignidad humana, se prepara para proyectar su legado sobre los grandes desafíos del siglo XXI. La iniciativa se enmarca en la conmemoración del V Centenario de la Escuela de Salamanca y nace con vocación de continuidad.
Hay ciudades que forman parte de la historia y otras que, además, han contribuido a cambiar el curso del pensamiento humano. Salamanca pertenece a esta segunda categoría. Sus aulas fueron escenario de una de las grandes revoluciones intelectuales de la Europa del siglo XVI: la Escuela de Salamanca, una corriente de pensamiento que situó la dignidad de la persona, la justicia, la libertad y los límites del poder en el centro de la reflexión moral, jurídica, política y económica.

Cinco siglos después, ese legado vuelve a cobrar actualidad. Del 4 al 6 de noviembre de 2026, la Universidad de Salamanca acogerá Foro de Salamanca —Salamanca Forum 2026—, un encuentro internacional que reunirá a representantes de universidades, instituciones, empresas y sociedad civil para reflexionar sobre los grandes retos de nuestro tiempo.
La iniciativa se enmarca en la conmemoración del V Centenario de la Escuela de Salamanca y nace con vocación de continuidad.
La pregunta que late detrás de esta convocatoria es tan antigua como necesaria:
¿Cómo podemos organizar la convivencia humana, la economía y las relaciones internacionales de manera que el poder, el conocimiento y el progreso estén al servicio de las personas?
Salamanca, cuna de una conciencia universal
Para comprender la trascendencia de este foro es preciso volver la mirada al siglo XVI. En aquel tiempo de expansión oceánica, descubrimientos geográficos, conflictos religiosos y transformaciones económicas, un grupo de pensadores vinculados a la Universidad de Salamanca se atrevió a cuestionar algunas de las certezas de su época.
Entre ellos destacó Francisco de Vitoria, dominico y profesor de la Universidad de Salamanca, cuya reflexión sobre el derecho de gentes, la legitimidad del poder y las relaciones entre los pueblos contribuyó decisivamente al desarrollo del pensamiento jurídico internacional.

Francisco de Vitoria abordó cuestiones que siguen interpelándonos:
¿Qué derechos corresponden a todo ser humano por el mero hecho de serlo?
¿Puede un Estado actuar sin límites frente a otros pueblos?
¿Qué principios deben regular las relaciones entre comunidades políticas diferentes?
¿Existe una justicia que trascienda las fronteras, las culturas y los intereses particulares?
Sus respuestas, desarrolladas en un contexto histórico muy distinto del nuestro, abrieron caminos fundamentales para pensar la universalidad de los derechos y la existencia de principios jurídicos que no dependieran exclusivamente de la voluntad de los gobernantes.
La Escuela de Salamanca fue mucho más que un círculo de teólogos. En ella confluyeron la filosofía, el derecho, la moral y la economía. Figuras como Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta y otros maestros salmantinos analizaron también la propiedad, el comercio, el valor del dinero, los precios, la justicia de los intercambios y las obligaciones morales de quienes ejercían el poder económico.
A ellos puede sumarse Juan de Mariana, destacado pensador político y económico de los siglos XVI y XVII, heredero del pensamiento escolástico español y defensor de la necesidad de someter el poder político a límites morales. Sus reflexiones sobre la autoridad, la justicia y la alteración de la moneda añaden una perspectiva especialmente relevante para los actuales debates sobre gobernanza y responsabilidad económica.
No debemos proyectar anacrónicamente sobre aquellos autores todas las ideas contemporáneas acerca de los derechos humanos, la democracia o el derecho internacional. Su mundo era diferente y sus planteamientos deben interpretarse en su contexto. Pero precisamente ahí reside parte de su importancia: fueron capaces de plantear preguntas universales desde las circunstancias concretas de su tiempo.
Salamanca conserva, por ello, una herencia intelectual que merece ser conocida, estudiada y proyectada internacionalmente.
De la Escuela de Salamanca a la gobernanza ética
La palabra gobernanza ocupa hoy un lugar central en los debates sobre el futuro. Se habla de gobernanza global, responsabilidad empresarial, sostenibilidad, inteligencia artificial, cooperación internacional y regulación de las nuevas tecnologías.
Sin embargo, detrás de estos conceptos modernos encontramos una cuestión esencial que los maestros salmantinos ya contribuyeron a plantear:
¿Qué principios deben orientar el ejercicio del poder y la organización de la sociedad para que sean compatibles con la justicia y la dignidad humana?
La técnica puede multiplicar nuestras capacidades. La economía puede generar riqueza. La inteligencia artificial puede transformar la producción, la comunicación, la medicina y la educación. Las instituciones internacionales pueden facilitar acuerdos entre países. Pero ninguna de estas herramientas determina por sí misma qué debemos considerar justo, legítimo o moralmente aceptable.
El progreso material y tecnológico no garantiza automáticamente el progreso humano.
Por eso, la gobernanza ética no debería reducirse a una declaración de buenas intenciones, a un código de conducta empresarial o a una estrategia de comunicación institucional. Exige principios claros, responsabilidades verificables, transparencia en las decisiones y mecanismos eficaces para evitar que el interés particular prevalezca sistemáticamente sobre el bien común.
También requiere reconocer que la dignidad humana no puede convertirse en una variable subordinada a la rentabilidad, la conveniencia política o la eficiencia de los algoritmos.
Desde esta perspectiva, el diálogo entre el pensamiento de la Escuela de Salamanca y los desafíos contemporáneos puede resultar extraordinariamente fecundo. No se trata de buscar en los autores del siglo XVI respuestas prefabricadas para los problemas actuales, sino de recuperar su disposición a someter el poder, la economía y las relaciones sociales al examen de la razón y de la justicia.
Salamanca Forum 2026: seis grandes desafíos para el mundo actual
La propuesta de Foro de Salamanca —Salamanca Forum 2026— pretende trasladar esa tradición intelectual al terreno de los problemas contemporáneos mediante un encuentro entre representantes del mundo académico, institucional, empresarial y social.

Según la información difundida por la Universidad de Salamanca, el programa se estructura en torno a seis grandes ámbitos de reflexión:
Cooperación académica internacional. Fortalecer los vínculos entre universidades de Europa, Iberoamérica, Oriente Próximo y Asia, favoreciendo el intercambio de conocimientos y experiencias.
Responsabilidad económica y social. Examinar cómo impulsar la actividad económica sin desligarla de sus consecuencias sociales y de sus obligaciones con la sociedad.
Innovación responsable. Promover una cultura de innovación que valore no solo los resultados y la competitividad, sino también sus efectos sobre las personas y las comunidades.
Inteligencia artificial. Reflexionar sobre las oportunidades de esta tecnología y sobre las responsabilidades que acompañan a su desarrollo y utilización, con especial atención a sus repercusiones sociales.
Tecnología sostenible. Explorar cómo orientar la transformación tecnológica hacia modelos compatibles con la sostenibilidad y el bienestar colectivo.
Gobernanza global. Debatir sobre los principios, las instituciones y los mecanismos de cooperación necesarios para afrontar problemas que superan las fronteras nacionales.
El programa incluye, entre otras actividades, debates sobre economía e innovación responsable, inteligencia artificial y su impacto en la infancia, ciudades inteligentes y sostenibles, y gobernanza global.
La diversidad de los participantes y de los asuntos planteados pone de manifiesto la ambición de la iniciativa: acercar perspectivas que con frecuencia permanecen separadas y propiciar un diálogo entre quienes investigan, quienes toman decisiones y quienes desarrollan proyectos con repercusión económica y social.
La cuestión decisiva será conseguir que ese diálogo no se agote en el intercambio de opiniones, sino que contribuya a formular propuestas, compromisos y líneas de actuación capaces de trascender las jornadas del encuentro.
El reto de unir economía, tecnología y responsabilidad moral
Uno de los aspectos más interesantes de Foro de Salamanca —Salamanca Forum 2026— es la voluntad de situar la reflexión ética en el centro de cuestiones que habitualmente se abordan desde perspectivas técnicas, económicas o políticas.

La economía necesita eficiencia, inversión y capacidad de innovación, pero también confianza, responsabilidad y reglas justas. La tecnología requiere investigación y libertad creativa, pero debe afrontar igualmente las consecuencias de sus aplicaciones. Las instituciones necesitan autoridad para cumplir sus funciones, pero su legitimidad depende también de la transparencia, la rendición de cuentas y el respeto a los derechos.
La inteligencia artificial ofrece un ejemplo particularmente significativo. Su desarrollo puede abrir posibilidades extraordinarias para la investigación científica, la educación, la asistencia sanitaria y la productividad. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la privacidad, la discriminación algorítmica, la autonomía personal, la protección de los menores y la responsabilidad por las decisiones automatizadas.
¿Basta con que una tecnología funcione para considerar que su utilización es legítima?
¿Es aceptable cualquier decisión económicamente rentable?
¿Quién debe responder cuando una innovación causa un perjuicio?
¿Cómo evitar que los beneficios del progreso queden concentrados mientras sus costes recaen sobre los sectores más vulnerables?
Estas preguntas muestran que la ética no es un obstáculo añadido al desarrollo. Es una condición para que el desarrollo pueda considerarse verdaderamente humano.
La Escuela de Salamanca nos recuerda que las actividades económicas y las relaciones entre los pueblos no pueden examinarse únicamente a partir de la conveniencia de los más poderosos. La justicia obliga a considerar también los derechos, las necesidades y los intereses legítimos de los demás.
No se trata de enfrentar economía y moral, innovación y responsabilidad, o libertad y justicia. Se trata de comprender que ninguna de estas dimensiones puede desarrollarse plenamente si se ignoran las restantes.
Un foro que aspira a perdurar
Hay una característica de esta iniciativa que merece especial atención: su vocación de continuidad.
El Salamanca Forum no se presenta únicamente como una reunión internacional de varios días, sino como una plataforma permanente de diálogo y cooperación que aspira a prolongarse en futuras ediciones.
Esta aspiración es importante. Los grandes problemas de nuestro tiempo no se resuelven en una conferencia, ni siquiera cuando en ella participan personas de gran experiencia y responsabilidad. Requieren investigación, debate, seguimiento de los acuerdos y colaboración sostenida entre instituciones que, en ocasiones, responden a intereses y prioridades diferentes.

La continuidad permitiría convertir los encuentros en parte de un proceso más amplio: identificar problemas, contrastar perspectivas, formular propuestas y examinar sus resultados.
También podría contribuir a reforzar la relación entre las universidades y la sociedad. La investigación académica necesita dialogar con la realidad económica e institucional, mientras que quienes toman decisiones pueden beneficiarse del conocimiento científico, la reflexión filosófica y la experiencia acumulada por generaciones de investigadores.
Salamanca dispone de un patrimonio histórico y universitario excepcional para impulsar ese encuentro. Pero la legitimidad histórica no basta por sí sola: debe renovarse mediante la calidad de las ideas, el rigor de los debates y la capacidad de producir resultados.
El verdadero éxito del foro no se medirá únicamente por la relevancia de sus asistentes o por la repercusión pública de sus sesiones, sino también por lo que sea capaz de aportar una vez concluido el encuentro.
Recuperar el espíritu de Salamanca
En una época marcada por la polarización política, la competencia geoestratégica, las desigualdades, la aceleración tecnológica y la pérdida de confianza en algunas instituciones, recuperar el espíritu de la Escuela de Salamanca significa reivindicar la necesidad de pensar antes de actuar y de someter nuestras decisiones a principios que vayan más allá del beneficio inmediato.
Significa reconocer que ninguna sociedad puede sostenerse únicamente sobre el poder, el dinero o la tecnología. Necesita también una concepción compartida de la dignidad humana, de la justicia y de las responsabilidades que acompañan a la libertad.
Significa, asimismo, comprender que el diálogo no implica renunciar a las propias convicciones, sino estar dispuesto a contrastarlas con argumentos, conocimientos y experiencias diferentes. La búsqueda de soluciones comunes exige reconocer la complejidad de los problemas y aceptar que ninguna institución, empresa, universidad o gobierno posee por sí solo todas las respuestas.
En este sentido, el Salamanca Forum puede convertirse en una oportunidad para recuperar una tradición intelectual que hizo de la reflexión crítica sobre el poder y la justicia una de sus principales señas de identidad.
Salamanca no necesita vivir exclusivamente de la memoria de su pasado. Puede convertir esa memoria en una fuente de inspiración para afrontar el futuro.
La sabiduría como brújula del progreso
Vengo defendiendo la importancia de distinguir entre acumular información y alcanzar una comprensión más profunda de la realidad. Vivimos rodeados de conocimientos, herramientas y posibilidades que hace apenas unas décadas parecían inimaginables. Sin embargo, disponer de más medios no significa necesariamente saber utilizarlos mejor.
La sabiduría comienza cuando nos preguntamos no solo qué podemos hacer, sino qué debemos hacer; no solo qué resultados podemos obtener, sino a quién benefician y qué consecuencias generan; no solo cómo alcanzar nuestros objetivos, sino si esos objetivos merecen realmente la pena.
Esa distinción resulta especialmente relevante cuando hablamos de gobernanza. Gobernar no consiste únicamente en administrar recursos, diseñar normas o tomar decisiones. Implica asumir responsabilidades ante las personas afectadas por ellas y reconocer que el poder debe estar sujeto a principios que lo orienten y lo limiten.
La aportación histórica de Francisco de Vitoria y de la Escuela de Salamanca nos invita precisamente a recuperar esa dimensión moral de la vida pública, económica e internacional.
Cinco siglos después, sus preguntas siguen abiertas.
¿Cómo construir un orden internacional más justo?
¿Cómo conciliar el crecimiento económico con la responsabilidad social?
¿Cómo aprovechar la inteligencia artificial sin sacrificar la autonomía y la dignidad de las personas?
¿Cómo conseguir que las instituciones respondan al interés general y que la cooperación prevalezca sobre la confrontación?
No existen respuestas sencillas. Pero sí existe una certeza: renunciar a formular estas preguntas sería dejar el futuro exclusivamente en manos de quienes disponen de mayor poder económico, político o tecnológico.
El Salamanca Forum tiene ante sí la oportunidad de demostrar que el legado de una gran tradición intelectual puede seguir vivo cuando se traduce en diálogo, pensamiento crítico y propuestas para el presente.
Salamanca ofrece su historia, su universidad y el recuerdo de aquellos maestros que se atrevieron a pensar más allá de las fronteras de su tiempo. El desafío consiste ahora en transformar ese patrimonio en una contribución efectiva al mundo contemporáneo.

Porque el verdadero legado de una ciudad del conocimiento no consiste solamente en conservar lo que sus antepasados pensaron, sino en crear las condiciones para que las nuevas generaciones puedan seguir pensando con libertad, rigor y responsabilidad.
Y porque, en última instancia, el progreso de una civilización no debería medirse únicamente por la riqueza que produce, la tecnología que desarrolla o el poder que acumula, sino también por la justicia con la que trata a las personas.
La gobernanza ética comienza cuando la dignidad humana deja de ser una declaración de principios y se convierte en el criterio que orienta nuestras decisiones. Ese es el horizonte al que Salamanca, desde la profundidad de su historia, puede contribuir a mirar de nuevo.

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