LA JUSTICIA EN EL QUIJOTE (Borrador)
![]() |
(1) La justicia en el Quijote
En el episodio del «Caballero
del verde gabán», don Quijote habla con el hidalgo don Diego sobre la afición y
su hijo sobre la afición que tenía a la poesía y, refiriéndose a los premios de
los concursos de poesía, afirma (Quijote, II, 18):
«[...] y si es que son
[los premios] de justa literaria, procure vuestra merced llevar el segundo
precio, que el primero siempre se le lleva el favor o la gran calidad de la
persona, el segundo se le lleva la mera [la justicia pura]...»
A continuación don Lorenzo,
hijo de don Diego, le pregunta a don Quijote qué ciencia ha estudiado y este le
responde que ha cursado la ciencia de la caballería andante, que:
«Es una ciencia —replicó
don Quijote— que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que
el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia
distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene...»
Don Quijote distingue entre justicia distributiva («la que
establece la proporción con que deben distribuirse las recompensas y los
castigos», según la definición del DRAE) y justicia conmutativa («la que regula la igualdad o
proporción que debe haber entre las cosas, cuando se dan o cambian unas por
otras», según el DRAE), y termina con una frase del Digesto, I, X, 1: para dar a cada uno lo que es suyo (Suum cuique
tribuere). El Digesto es una
de las obras patrocinadas por el emperador Justiniano. Consta de siete partes
distribuidas en cincuenta libros y fue publicado en el año 533. Es la obra
principal del programa legislativo de dicho emperador. Dentro de las ciencias o
conocimientos exigidos por don Quijote a los caballeros andantes la primera y
más importante es la de la justicia. Luis Vives estimaba tanto la justicia y
sus leyes, que en De disciplinis
propuso que se crease una disciplina con ese nombre (2ª, V, 4):
«Sería conveniente la
enseñanza de una nueva disciplina que llevase por nombre la Justicia».
2
La justicia es tan importante que es
practicada incluso entre los ladrones, como afirmó Sancho en el episodio «Con
los bandoleros», en respuesta a Roque Guinart, el jefe de los bandoleros
(Quijote, II, 60):
[...] dijo Roque a don Quijote: —Si no
se guardase esta puntualidad con estos [los bandoleros], no se podría vivir con
ella.
El autor del Quijote, al introducir esas palabras en la boca de
Sancho, pone de manifiesto que era un buen conocedor de los autores romanos,
porque esa idea procede de Cicerón en De officiis, II, 40:
Quin
etiam leges latronum esse dicuntur, quibus pareant, quibus observant (Es más, se dice que los ladrones
tienen leyes, a las que obedecen y respetan).
Y ¡qué casualidad! También Luis Vives se
sirvió de ese pasaje de Cicerón en De concordia et discordia in humano genere (IV, 1):
Los piratas y ladrones, cuyo trabajo y
actividad consiste en hacer daño al género humano, perturbar la tranquilidad,
pisotear las leyes y el derecho, corromper todo lo sagrado y lo profano,
mantienen entre ellos una cierta paz y concordia, delimitadas por una especie
de normas fijas y como por la equidad de la justicia, pues, de otra forma, no
podrían mantener sus ligas y asociaciones de patrocinio.
Durante su gobierno en la Ínsula Sancho
tuvo que administrar justicia y siempre lo hizo con espíritu recto y con
sentido común, como en el siguiente caso (Quijote, II, 45):
Luego, acabado este pleito, entró en el
juzgado una mujer asida fuertemente de un hombre vestido de ganadero rico, la
cual venía dando grandes voces, diciendo:
3
a la Justicia considerada
como diosa, que abandonó la tierra en la Edad de Bronce por la progresiva
degeneración de los hombres y voló al cielo, convirtiéndose en la constelación
de Virgo. En el pasaje citado, la mujer que recurrió a Sancho tenía poca esperanza
de encontrar justicia y de ahí que pronunciara esa frase. Vives también hizo
referencia a ese mito en De
pacificatione:
[...] la salvación habrá
huido de la tierra, tanto como lo hizo la justicia, según dicen los poetas, y
no mienten.
Sobre la justicia escribió Vives ideas dignas de
ser grabadas en letras de oro, como expresó en De concordia et discordia, III, 2:
El vínculo de las
agrupaciones y sociedades humanas es la justicia y también las leyes, salidas y
derivadas de la justicia, que constituyen, por así decir, el alma de la ciudad.
Gracias a su fuerza y a su ayuda, los magistrados tienen el poder en la república
y los príncipes en el reino.
Y en la misma obra pone en
relación la derrota pérdida de
la justicia con la desaparición de la libertad, III:
Desterrada la justicia,
que nadie ignora que es el vínculo de las sociedades humanas, desaparece lo que
en la sociedad está cercano y unido con la propia justicia, esto es, la
libertad, por la que se logra que el hombre sea considerado por el hombre como belle persona y no como
animal.
Vives consideraba que eran
tan importantes estas ideas sobre la justicia, que las volvió a expresar en su
obra de retórica De ratione
dicendi, Relacionaron esta
vez en relación con el lenguaje, Prefacio de dicha obra:
Quienes dijeron que el
vínculo de la sociedad humana era la justicia y el lenguaje captaron con
extraordinaria agudeza la esencia de la naturaleza humana.
De forma muy especial, Vives
se interesó por las leyes, a las que dedicó una obra breve titulada Aedes legum (El templo de las leyes). En
ella expresó la idea de que, si la justicia degenera y deja de ser el vínculo y
ligamento de la sociedad, se practican dos justicias: una para los poderosos y
otra para la gente humilde (II):
4
Con lo cual ocurre que, la justicia en
su totalidad parece o bien una sola virtud de la plebe, que está muy por debajo
de la majestad real o que, en todo caso, hay dos justicias, de las que una,
pedestre y a ras del suelo, se aplica al vulgo y, al verse obstaculizada por
muchas restricciones en todas partes, no puede nunca traspasar sus barreras; la
otra justicia majestuosa es
una virtud de príncipes, más majestuosa que la del pueblo y mucho más libre, de
forma que todo les está permitido, excepto lo que les desagrada
En la misma obra, Vives comparó esas dos
justicias con una tela de araña, (III):
Diminutos insectos, como las moscas, los
mosquitos, las hormigas y animalitos de esa clase se ven impedidos al ser
cogidos en esa trampa. Por el contrario, los animales mayores, como los perros,
los gatos, las ovejas, los caballos y otros similares escapan indemnes
desgarrando su fino tejido

Comentarios
Publicar un comentario