LA JUGADA MAESTRA DE JUNTS

 



Avatar de Desconocidopor José Antonio Hernández de la Moya


El artículo «La jugada maestra de Junts» analiza la estrategia política de Junts tras su rechazo a los decretos de vivienda del Gobierno, interpretándolo como un movimiento destinado no solo a defender sus intereses territoriales y económicos, sino también a reforzar su papel como fuerza decisiva en la política nacional. Su capacidad para condicionar las iniciativas de Pedro Sánchez demuestra el valor estratégico de sus escaños y abre una nueva etapa en la relación entre Junts y el Ejecutivo. Al mismo tiempo, el rechazo de los decretos permite al Gobierno construir un relato político en torno a la vivienda y confrontar con sus adversarios. En definitiva, el artículo plantea que la verdadera «jugada maestra» de Junts consiste en convertir su limitada representación parlamentaria en una capacidad de influencia mucho mayor, aunque el resultado final de esta estrategia dependerá de sus próximos movimientos y de la evolución del escenario político.


Hay movimientos políticos que se explican por lo que consiguen. Otros, por la posición que ocupan en el tablero. El último movimiento de Junts puede pertenecer a esta segunda categoría.

Junts elevó a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno en la pasada legislatura y, paradójicamente, puede terminar desempeñando también un papel decisivo en las condiciones de su continuidad.

Durante estos años se ha instalado la idea de que Junts necesita a Sánchez porque el presidente necesita sus votos y, a cambio, está dispuesto a concederle prácticamente todo aquello que reclama. Es una explicación parcialmente cierta, pero quizá insuficiente.

Es verdad que Junts ha obtenido importantes contrapartidas políticas —entre ellas, la amnistía para los encausados por el procés—, pero, sobre todo, ha conseguido algo que puede tener todavía mayor valor estratégico: hacer visible que sus diputados son capaces de condicionar la política española.

EL VOTO QUE PUEDE CAMBIARLO TODO

La reciente derrota parlamentaria del Gobierno con sus dos decretos de vivienda constituye un ejemplo particularmente significativo.

El 2 de octubre, el Congreso rechazó los dos reales decretos impulsados por el Ejecutivo. Junts votó en contra junto al PP y Vox, después de haber exigido al Gobierno que retirara los textos y negociara una nueva propuesta.

Los resultados fueron contundentes: el primer decreto fue rechazado por 172 votos frente a 178 y el segundo por 166 frente a 184.

Más allá del contenido concreto de las medidas, el episodio tiene una lectura política evidente: el Gobierno no dispone de una mayoría parlamentaria estable que le permita dar por descontado el apoyo de sus socios de investidura.

Y Junts acaba de demostrarlo.

La formación de Carles Puigdemont no solo ha dicho «no». Ha reclamado que se retiren los decretos y ha planteado trabajar en un nuevo texto negociado. Míriam Nogueras llegó a emplazar al Ejecutivo a trabajar «a puerta cerrada» para elaborar una nueva norma.

Esto resulta especialmente relevante porque el Gobierno había negociado previamente diferentes aspectos de los decretos con grupos parlamentarios, entre ellos Junts. Sin embargo, en el momento decisivo, la formación catalana mantuvo su oposición.

La conclusión que puede extraerse es sencilla: Junts quiere que sus votos tengan un precio político, pero también quiere que tengan una visibilidad política.

DE CATALUÑA A MADRID

Aquí aparece probablemente la verdadera dimensión de la jugada.

Junts tiene un espacio político propio en Cataluña, pero su capacidad para influir en la política catalana convive con la competencia de otras fuerzas independentistas y del espacio socialista. En cambio, en Madrid dispone de una herramienta extraordinariamente poderosa: sus escaños pueden resultar decisivos cuando el Gobierno carece de mayoría suficiente.

El documento de partida sostiene precisamente que el objetivo de Junts no sería limitarse a defender intereses territoriales, sino convertirse en un actor relevante de la política nacional. Y ahí puede encontrarse la clave.

Porque una cosa es ser un partido catalán con representación en el Congreso y otra muy distinta conseguir que una parte del electorado español perciba que lo que hace Junts en Madrid tiene consecuencias sobre la política de todo el país.

La votación de los decretos de vivienda ofrece una demostración práctica. El Gobierno necesitaba los votos de Junts. Junts decidió no proporcionarlos. Y el resultado fue que las medidas no salieron adelante.

No hace falta compartir la posición de Junts sobre la vivienda para reconocer la importancia parlamentaria de ese movimiento.

LA VIVIENDA COMO CAMPO DE BATALLA

La cuestión de fondo, sin embargo, es mucho más compleja que una simple confrontación entre izquierda y derecha.

Los decretos rechazados contenían medidas destinadas a proteger a determinados hogares vulnerables, prorrogar contratos de alquiler y establecer diferentes mecanismos de intervención y apoyo al acceso a la vivienda. Su rechazo implica que esas medidas no entran en vigor en los términos previstos por el Gobierno.

Junts justificó su negativa alegando que algunas de las medidas podían producir efectos contrarios a los perseguidos, entre ellos una reducción de la oferta de alquiler y un aumento de los precios. La formación reclamó un nuevo texto.

El Gobierno sostuvo, por el contrario, que los decretos respondían a una necesidad social urgente y defendió su aprobación. Pedro Sánchez llegó a intervenir personalmente en el Congreso antes de la votación para pedir el respaldo de la Cámara.

LA POLÍTICA DE VIVIENDA Y EL RELATO EMOCIONAL

Ni la defensa del propietario puede presentarse automáticamente como insolidaridad, ni la defensa del inquilino puede considerarse automáticamente una solución. La dificultad reside precisamente en encontrar un equilibrio entre el derecho a una vivienda accesible, la protección de las personas vulnerables, la seguridad jurídica y la existencia de una oferta suficiente.

El problema es demasiado importante para convertirlo exclusivamente en un arma electoral.

UNA NUEVA IDENTIDAD POLÍTICA

Hay otro aspecto interesante en el movimiento de Junts.

Durante mucho tiempo, la imagen política de la formación ha estado estrechamente vinculada a la independencia de Cataluña. Pero la estrategia parlamentaria desarrollada en Madrid puede estar contribuyendo a construir otro relato: el de un partido que también quiere intervenir sobre cuestiones económicas, fiscales, sociales e institucionales de ámbito estatal.

Eso explicaría la importancia que concede a determinadas cuestiones relacionadas con la propiedad, la fiscalidad, la vivienda o las competencias autonómicas.

El documento de partida interpreta precisamente el rechazo de los decretos como un intento de desplazar el eje de identificación de Junts: de una formación definida casi exclusivamente por la cuestión independentista a otra que pretende presentarse también como defensora de determinados principios económicos y de los intereses de su electorado.

Si esa interpretación es correcta, estaríamos ante algo más profundo que una simple discrepancia parlamentaria.

JUNTS O LA TRANSFORMAICÓN DE SU DEBILIDAD NUMÉRICA EN PODER POLÍTICO.

Junts tiene pocos diputados en relación con los grandes partidos nacionales. Pero si esos diputados son imprescindibles para aprobar una ley, convalidar un decreto o sostener una mayoría, su valor parlamentario aumenta considerablemente.

En política parlamentaria, el número absoluto no siempre coincide con la capacidad de influencia.

¿QUIÉN NECESITA A QUIÉN?

Aquí surge la pregunta esencial. ¿Necesita más Sánchez a Junts o Junts a Sánchez?

La respuesta no es necesariamente permanente. Puede cambiar en función de cada votación, del contexto político y de las alternativas existentes. Pero hay algo que sí parece claro: Junts ha demostrado que no está obligado a votar sistemáticamente con el Gobierno.

La hipótesis de que siempre terminaría apoyando al Ejecutivo para evitar una eventual alternativa PP-Vox ha quedado, al menos en esta ocasión, cuestionada por los hechos. El Gobierno esperaba conseguir los apoyos necesarios; Junts mantuvo el «no» y los decretos fueron derrotados.

Eso introduce una nueva variable. Si Junts puede votar con el Gobierno cuando le interesa, votar contra él cuando considera que no satisface sus condiciones y, al mismo tiempo, mantener abierta la negociación, su capacidad de presión aumenta.

No significa que pueda imponer cualquier decisión. Significa que puede hacer valer su posición en determinados momentos de máxima importancia parlamentaria.

SÁNCHEZ TAMBIEN JUEGA

Sería un error interpretar toda la partida como una victoria unilateral de Junts. El rechazo de los decretos también ofrece al presidente del Gobierno una oportunidad política.

Pedro Sánchez puede presentar la derrota parlamentaria como consecuencia de la oposición de PP, Vox y Junts a determinadas medidas destinadas a afrontar la crisis de vivienda. El propio presidente ha utilizado ya ese marco discursivo, responsabilizando a quienes votaron contra los decretos.

Además, la derrota permite al Gobierno construir un relato político alrededor de la vivienda y confrontar con sus adversarios. De modo que quizá la pregunta no sea quién ha ganado y quién ha perdido. La pregunta interesante es otra: ¿Quién consigue convertir mejor una derrota parlamentaria en una posición política favorable para el futuro?

LA TENTACIÓN ELECTORAL

Después de la derrota parlamentaria se ha abierto nuevamente el debate sobre un posible adelanto electoral. El mandato ordinario de la legislatura no termina hasta 2027, pero la aritmética parlamentaria y la dificultad para aprobar determinadas iniciativas mantienen abierta la incertidumbre.

En este escenario, Junts puede considerar que unas elecciones generales le ofrecen una oportunidad para demostrar precisamente aquello que quiere transmitir: que su presencia en Madrid es relevante.

Pero también existe una incógnita. Una estrategia de presión parlamentaria puede ser eficaz mientras los números del Congreso obligan a negociar. En unas elecciones, en cambio, todos los partidos quedan sometidos directamente al juicio de los ciudadanos.

Por eso, cualquier decisión de Junts sobre sus relaciones con el Gobierno debe contemplarse dentro de una estrategia más amplia que incluye Cataluña, Madrid, la cuestión independentista, la economía y su propia posición electoral.

LA POLITICA COMO PARTIDA DE AJEDREZ

Hay una enseñanza que puede extraerse de todo este episodio. La política parlamentaria se parece cada vez menos a una sucesión de bloques permanentes y cada vez más a una partida en la que cada formación calcula continuamente sus movimientos.

Sánchez necesita votos. Junts necesita influencia. El PP necesita consolidar su oposición. Vox necesita mantener su espacio político. Y los partidos de la izquierda situados a la izquierda del PSOE necesitan diferenciarse de un Gobierno al que apoyan parlamentariamente pero con el que también compiten.

En medio de todo ello, los ciudadanos contemplan cómo una cuestión tan decisiva como la vivienda termina convertida en el escenario de una batalla política. Y quizá aquí aparezca la verdadera paradoja.

Los partidos juegan su partida. Pero las consecuencias de sus movimientos las viven los ciudadanos.

LA JUGADA MAESTRA

Por todo lo anteriormente expuesto resulta sugerente hablar de «la jugada maestra de Junts», aunque convenga entender la expresión como una interpretación y no como una conclusión definitiva.

La posible jugada maestra no consistiría simplemente en derribar dos decretos. Consistiría en algo más ambicioso: haber conseguido que todos miren hacia sus escaños para saber qué puede ocurrir después. Eso es poder parlamentario.

Junts ha demostrado que puede facilitar una decisión del Gobierno o dificultarla. Puede negociar, exigir, apoyar o rechazar. Y puede utilizar esa capacidad para intentar reforzar su posición tanto en Madrid como en Cataluña.

Pero todavía queda por saber si esa estrategia será sostenible y qué rendimiento político tendrá a largo plazo.

La política, como la vida, no se decide únicamente por una jugada. Se decide por la capacidad de comprender el tablero, anticipar las consecuencias y saber cuándo mover la siguiente pieza. Y en este momento, mientras Sánchez estudia sus próximos movimientos y Junts reclama una nueva negociación sobre la vivienda, la partida continúa abierta.


Retrato de José Antonio Hernández de la Moya con fondo de color azul claro.
Autor de Ideas


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