LOS REFRANES EN EL QUIJOTE
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Este artículo sobre los refranes en El Quijote del profesor Francisco Calero explica que la profusa presencia de refranes —concebidos como «sentencias breves sacadas de la experiencia»— constituye un rasgo estilístico fundamental derivado de su verdadero autor, el humanista Juan Luis Vives. El estudio demuestra que Vives compartía la misma afición paremiológica que don Quijote, teorizando sobre los proverbios, aconsejando su recopilación y traduciéndolos al latín para emplearlos de forma sistemática en toda su obra (filosófica, jurídica, educativa y religiosa). Esta coincidencia estructural y de estilo entre el uso paremiológico del sabio valenciano y la célebre novela refuerza la hipótesis sobre su autoría.
El Quijote constituye un verdadero compendio de erudición y sabiduría en el que su autor, como insigne sabio, supo integrar el caudal de la tradición popular manifestado en el refranero. De hecho, el empleo recurrente de proverbios y adagios se erige como una de las señas de identidad más acusadas de nuestra obra cumbre.
En los refranes del Quijote podemos distinguir varios aspectos:
su elevado número
la concatenación o enlace de varios dentro de un mismo parlamento
su naturaleza y definición

Todos estos aspectos los encontramos expresados hacia el final de la obra, cuando don Quijote decide hacerse pastor y pasar la vida en el campo, II, 67:
Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato. Pero, ¡guarda!, que es de buen parecer, y hay pastores más maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese trasquilada; y tan bien suelen andar los amores y los no buenos deseos por los campos como por las ciudades y por las pastorales chozas como por los reales palacios, y quitada la causa, se quita el pecado, y ojos que no ven, corazón que no quiebra, y más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
EL QUIJOTE (II,67)
—No más refranes, Sancho —dijo don Quijote—, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo de refranes, y que te vayas a la mano en decirlos, pero paréceme que es predicar en desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas. [Contra los que persisten en su error a pesar de haber recibido castigo por ese error].
—Paréceme —respondió Sancho— que vuesa merced es como lo que dicen: «Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá, ojinegra». Estame reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.
—Mira, Sancho —respondió don Quijote—: yo traigo los refranes a propósito, y vienen cuando los digo como anillo en el dedo, pero tráeslos tú tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios, y el refrán que no viene a propósito antes es disparate que sentencia. Pero dejémonos desto, y pues ya viene la noche retirémonos del camino real algún trecho, donde pasaremos esta noche, y Dios sabe lo que será mañana.
Al comienzo de este interesante pasaje Sancho enlaza varios refranes y don Quijote le reprocha esa costumbre, al tiempo que él mismo enlaza dos, lo que da motivo a que Sancho lo corrija a él. Al final del pasaje, don Quijote diserta sobre la naturaleza de los refranes y sobre cómo hay que utilizarlos.
En otros dos pasajes expresó don Quijote el concepto y definición de los refranes:
En I, 21:
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas.
EL QUIJOTE (I, 21)
Y en I, 39:
Hay un refrán en nuestra España, a mi parecer muy verdadero, como todos lo son, por ser sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia.
EL QUIJOTE (I, 39)
Puesto que en mi libro El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda —así como en los catorce artículos anteriores publicados en la revista cultural Acalanda Magacín— he defendido que dicho autor fue el gran sabio Juan Luis Vives, resulta indispensable examinar si el humanista sentía esa afición por los refranes, si teorizó sobre ellos y, en especial, si los empleó en sus obras.

Que Vives profesaba dicha afición es indiscutible; un interés en el que debió de influir su amigo Erasmo, compilador de los proverbios griegos y latinos en su emblemática obra Adagia (1500).
Vives colaboró con él en esa tarea de búsqueda, como sabemos por la carta que le escribió en 1521 (Epistolario, pág. 226):
Te envío otros proverbios, que encontré en mis lecturas.
JUAN LUIS VIVES
Epistolario
Como hemos visto, en El Quijote los refranes son designados como «sentencias», término que coincide de forma precisa con el empleado por Vives en De disciplinis (1.ª, I, 5):
A esto mismo hacen referencia los proverbios y sentencias, y todo lo que se fue recogiendo por el cuidado de algunos, y que se conservó en el pueblo del mismo modo que unas riquezas públicas en un tesoro común.
JUAN LUIS VIVES
De disciplinis (1.ª, I, 5)
Resulta revelador señalar cómo Vives profesaba tal estima por el refranero que llegó a definir los proverbios nada menos que como un verdadero «tesoro común».
También aconsejó anotarlos en un cuaderno en De ratione studii puerilis (El sistema de estudio de los niños), páginas 328-329 de la traducción de Lorenzo Riber:
Te agenciarás un libro en blanco de un tamaño razonable, y lo distribuirás en ciertas secciones y como nidos; en una de estas secciones anotarás los vocablos de uso cotidiano…; en otra los refranes, adagios o proverbios. De este modo todo lo tendrás anotado y puesto en buen orden.
JUAN LUIS VIVES.
De ratione studii puerilis (Páginas 328-329)
Esta devoción por la sabiduría popular impulsó a Vives a recurrir al refranero castellano para reforzar sus argumentos. Lo hizo de manera transversal a lo largo de toda su producción, sin importar la trascendencia o el rigor erudito del tratado. Así se aprecia en obras de la talla de De anima et vita (de carácter psicológico); De disciplinis (que Ortega y Gasset consideró la primera historia de la cultura universal); De institutione feminae christianae (centrada en la educación femenina); su alegato pacifista De concordia et discordia in humano genere, o sus místicas Preces et meditationes generales, entre muchas otras.
Dado que redactaba sus tratados en latín, el sabio valenciano trasladó a dicha lengua el sentido de numerosos refranes españoles. A modo de ilustración —puesto que un registro exhaustivo rebasaría los límites de este estudio—, analizaremos a continuación algunos de los ejemplos más representativos.
En De disciplinis (1.ª, I, 10) introduce el castizo refrán español «a río revuelto, ganancia de pescadores», expresado en latín de la siguiente manera:
«Perturbatus amnis quaestui erat piscatoribus».
JUAN LUIS VIVES
De disciplinis (1ª, I, 10)

Por su connotación psicológica, a Vives le gustaba mucho el refrán «un clavo saca otro clavo», utilizado dos veces en su obra de psicología De anima et vita, como en III, 19:
Finalmente, como en las otras enfermedades del espíritu, también aquí «un clavo saca otro clavo», siempre que aparece el peligro de un mal mayor ya inminente, de modo que el mal presente no deba valorarse en nada.
JUAN LUIS VIVES
De anima et vita

Nótese con qué maestría Vives aprovecha el refrán para recalcar la idea que sigue.
También utilizó este refrán en De concordia et discordia in humano genere (III):
Porque la admiración ante sucesos anteriores es arrancada por otros más importantes que siguen como «un clavo por otro clavo».
JUAN LUIS VIVES
De concordia et discordia in humano genere (III)
A la formación de la princesa María, hija de los reyes Enrique VIII y Catalina, dedicó Vives una breve obra titulada Satellitium animi (Escolta del espíritu), y en ella incluyó el conocido refrán «Haz bien y no mires a quién» (Traducción de L. Riber, pág. 1189):
Cosa que vulgarmente se dice en nuestra España, con este adagio: «Haz bien y no mires a quién».
JUAN LUIS VIVES
Satellitium animi
En De institutione feminae christianae (II, 10) introduce Vives una modificación sobre un refrán:
Decía un viejo refrán: «El culpable teme el castigo, el inocente, el azar». Aunque este no me gusta y, quizá, sería mejor este otro: «El culpable teme el castigo, el inocente, la calumnia».
JUAN LUIS VIVES
En una obra de profunda piedad como es Meditationes in septem psalmos poenitentiae incluyó Vives cinco refranes, como el bien conocido «A palabras necias, oídos sordos» (Traducción de L. Riber, pág. 314):
Creyó el varón prudentísimo que lo que convenía más hacer era lo que reza el proverbio popular: «A palabras necias, oídos sordos».
JUAN LUIS VIVES
Meditationes in septem psalmos poenitentiae

En una obra de carácter jurídico como es Aedes legum (El templo de las leyes), utilizó Vives un proverbio contra los abogados (Traducción Ismael Roca, pág. 238):
Se cumplía entonces aquel adagio usual en la conversación humana: «que no existe medicina más eficaz para los ojos que no ver jamás a ningún abogado y leguleyo».
JUAN LUIS VIVES
Aedes legum
En De officio mariti (El deber del marido) se sirvió Vives de un adagio bien conocido (VIII):
Reza un viejo adagio: «Nada engorda más al caballo ni hace más fecundo el campo que el ojo del amo».
JUAN LUIS VIVES
De officio mariti
Conclusión
Esta muestra de refranes pone de manifiesto que el propio Vives aplicó el consejo que brindaba a los jóvenes escolares: registrar en un cuaderno los dichos populares que descubrieran al leer.
Pero no se limitó a anotarlos; los empleó con profusión en la totalidad de sus escritos, de modo que el uso de refranes terminó integrando su idiosincrasia estilística. Por consiguiente, esta singularidad hermana de forma inequívoca el estilo vivesiano con el del Quijote.

BIBLIOGRAFÍA



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