LA TRAMPA DEL LENGUAJE AL SERVICIO DE LA INGENIERÍA SOCIAL
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¿Cómo se utiliza el lenguaje político
para la ingeniería social? Analizamos la tesis del histórico líder socialista, Nicolás
Redondo Terreros, sobre socialismo y progresismo.
El lenguaje no solo describe la
realidad; el lenguaje la construye. En la escena política contemporánea, el uso
estratégico de ciertas fórmulas lingüísticas y dogmas de fe no es casual. Es
una herramienta deliberada para condicionar marcos de pensamiento, redefinir
valores éticos e imponer una hegemonía cultural sin pasar por el filtro de la
razón crítica.
Un ejemplo sumamente ilustrador de este
fenómeno lingüístico-ideológico es la célebre afirmación del exministro de
Transportes, José Luis Ábalos: «Soy feminista porque soy socialista».
Mediante esta equivalencia tautológica y excluyente, se aplica un principio
fundamental de ingeniería verbal: si no eres lo segundo, no puedes pretender
ser lo primero; y, recíprocamente, formar parte de la sigla te otorga
automáticamente el monopolio de la virtud.
Esta pirueta retórica sirve como puerta
de entrada para analizar el debate de fondo que plantea el histórico político
socialista Nicolás Redondo Terreros en su análisis sobre la brecha
insalvable entre el socialismo democrático tradicional y el denominado
«progresismo posmoderno», plasmado en un reciente artículo titulado
¿Socialista y Progresista? publicado en The Objetive.
LA RETÓRICA DEL PROGRESISMO ACTUAL
Los políticos,
consciente o inconscientemente, utilizan las palabras como artefactos de
condicionamiento. Al dictar qué términos son legítimos y qué significados deben
atribuírseles, acotan las fronteras de lo pensable. Como argumenta Redondo
Terreros, los términos nunca son inocuos.
En la retórica del progresismo actual
se observa un desplazamiento semántico crucial:
👉De la razón a
la fe: Se sustituye el debate racional por una concepción casi religiosa del
pensamiento político. Quienes enarbolan la bandera del progresismo posmoderno
se presentan como los poseedores de la «verdad total y absoluta» o los
guardianes del «lado bueno de la Historia».
👉Del adversario
al enemigo: En una democracia social-liberal, quien piensa diferente
es un adversario con el que se dialoga; en la lógica del dogmatismo
progresista, el disidente es un infiel al que hay que derrotar, condenándolo a
la «muerte social» o al ostracismo político.
Bajo el imperativo del «soy feminista
porque soy socialista» o «soy progresista porque soy moralmente
superior», el lenguaje deja de ser una herramienta de entendimiento para
convertirse en una aduana ideológica.
DE LA CIUDADANÍA A LA COMUNIÓN DE
MINORÍAS
El núcleo de la crítica de Nicolás
Redondo Terreros reside en cómo este progresismo ha traicionado los cimientos
del socialismo democrático de posguerra.
✔️Sustitución del
sujeto político: Mientras que el socialismo histórico situaba en el
centro a la ciudadanía y la «plaza pública» para construir un proyecto común,
el progresismo posmoderno ha atomizado la sociedad en una «agregación de
identidades» o «comunión de minorías». Se privilegia la pertenencia a
colectivos específicos (feministas, ecologistas, identitarios) por encima del
estatus de ciudadano pleno e igual ante la ley.
✔️Degradación del
Estado de Bienestar: El Estado de Bienestar, concebido originalmente como un
compromiso colectivo de responsabilidad compartida, se convierte en una especie
de «ONG universal» dedicada a subsidiar demandas de colectivos progresivamente
más fragmentados y radicales, descuidando al mismo tiempo los servicios
esenciales (educación, sanidad, infraestructuras) de los que depende la
mayoría.
✔️Debilitamiento
de la nación: Para encumbrar las identidades grupales, se relativiza o
desprecia el concepto de nación —mencionando ejemplos como la visión de la
nación como «concepto discutido y discutible» o las fórmulas de «nación de
naciones»—, despojando a la ciudadanía de su espacio natural de solidaridad y
soberanía.
CLARIDAD ANALÍTICA Y VALENTÍA
INTELECTUAL DE NICOLÁS REDONDO
Creo que el artículo de Nicolás Redondo
Terreros constituye un ejercicio extraordinario de lucidez intelectual y
coherencia ideológica. En un ecosistema político dominado por la polarización y
la adscripción ciega a las siglas, la aportación de Redondo Terreros destaca
por varios motivos fundamentales:
✅Coraje
reflexivo frente a la ortodoncia de partido: Plantea una crítica lúcida desde la
legitimidad de quien ha dedicado su vida a las ideas del socialismo
democrático, sin ceder ante las presiones del pensamiento único ni al chantaje
de la «tribu» ideológica.
✅Diagnóstico
certero del cambio de paradigma: Identifica con precisión milimétrica la deriva de la
izquierda contemporánea, señalando cómo se ha abandonado el universalismo
ilustrado y la igualdad ciudadana para abrazar un tribalismo de identidades
fragmentadas.
✅Defensa
intransigente de la libertad individual: Frente al dogma que exige obediencia y condena la
discrepancia, el texto vindica el valor de la duda, el diálogo racional y la
libertad de pensamiento como motores insustituibles de una democracia
sana.
DESMONTAR LAS TRAMPAS VERBALES Y LA EXITENCIA DE UN DISCURSO BASADO EN LA RAZÓN
Al conectar la consigna de Ábalos («Soy
feminista porque soy socialista») con la tesis de Redondo Terreros, se
evidencia un mismo mecanismo: el intento de imponer una hegemonía moral
mediante el control de la sintaxis política. Se busca que el individuo asuma
etiquetas prefabricadas antes de ejercer su capacidad crítica.
Frente al dominio del dogmatismo
progresista, el verdadero socialismo democrático se reafirma en los principios
que le dieron origen: la libertad individual para dudar y discrepar, la
ciudadanía por encima de las etiquetas identitarias y la razón frente al
fanatismo ideológico.
Defender la pluralidad de
la plaza pública exige, hoy más que nunca, no dejar que el lenguaje condicione
ni secuestre nuestra libertad de pensamiento.
En última instancia, la verdadera batalla de nuestro tiempo no se libra en el terreno de las siglas ni en el choque de etiquetas partidistas, sino en la custodia de nuestras palabras. Cuando el lenguaje se instrumentaliza como una técnica de ingeniería social para dictar la moral, acotar el pensamiento y sustituir la complejidad del debate público por consignas prefabricadas, la libertad individual es la primera en resentirse.
Desmontar estas trampas verbales y exigir un discurso basado en la razón, la claridad conceptual y el rigor no es una cuestión de adscripción ideológica; es un imperativo ético para preservar la autonomía de nuestra mente y la pluralidad de la plaza pública.
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| Autor de Ideas |


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