LA CONVERSIÓN DE LOS MOROS AL CRISTIANISMO EN EL QUIJOTE
El presente artículo del profesor Francisco Calero analiza un pasaje de El Quijote (I, 33) donde Lotario afirma que a los moros solo se les puede convencer de la verdad cristiana mediante ejemplos palpables y «demostraciones matemáticas» indubitables, ilustrándolo con el principio geométrico de que «si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales». Como señala el matemático Antonio J. Durán Guardeño, esta frase corresponde a la tercera noción común de los Elementos de Euclides y refleja nociones filosófico-matemáticas de autores clásicos como Platón y Aristóteles.
Calero argumenta que Miguel de Cervantes carecía de la formación universitaria y académica para dominar a estos autores clásicos o conceptos tan específicos, además de las limitaciones de traducción de la época y su ajetreada vida. En su lugar, el autor propone a Juan Luis Vives como el verdadero autor de El Quijote, fundamentándolo en las siguientes coincidencias:
Interés por la conversión: Vives mostró gran preocupación por la conversión razonada de musulmanes y judíos en obras como De veritate fidei christianae y De concordia et discordia in humano genere.
Uso de la matemática y la razón: Vives defendió en De disciplinis el valor de las matemáticas como argumento de certeza e instrumento para la filosofía.
Conocimiento de Euclides: Vives conocía y recomendaba expresamente el estudio detallado de Euclides.
Concordancias conceptuales: Existen claras paralelas entre las ideas de convencer mediante la razón, la evidencia y la conducta ética expresadas tanto en el texto cervantino como en los escritos de Vives.
El interés por la conversión de los musulmanes al cristianismo se manifiesta explícitamente en «El curioso impertinente» —la novela corta intercalada en la primera parte de El Quijote— durante la respuesta de Lotario a Anselmo (I, 33):
—Paréceme, ¡oh Anselmo!, que tienes tú ahora el ingenio como el que siempre tienen los moros, a los cuales no se les puede dar a entender el error de su secta con las acotaciones de la Santa Escritura, ni con razones que consistan en especulación del entendimiento, ni que vayan fundadas en artículos de fe, sino que les han de traer ejemplos palpables, fáciles, inteligibles, demostrativos, indubitables, con demostraciones matemáticas que no se pueden negar, como cuando dicen: «Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales»; y cuando esto no entiendan de palabra, como en efecto no lo entienden, háseles de mostrar con las manos y ponérselo delante de los ojos, y aun con todo esto no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de nuestra sacra religión.
EL QUIJOTE
Como en este pasaje del Quijote se hace referencia expresa a las demostraciones matemáticas como un recurso capaz de ofrecer certezas «que no se pueden negar», resulta especialmente interesante acudir al análisis del matemático, catedrático, conferenciante y escritor español Antonio J. Durán Guardeño, quien aborda esta cuestión en su interesante artículo «Indubitables y necesarias» o «Con las matemáticas hemos dado, Sancho».
Durán Guardeño se detiene precisamente en el principio geométrico que Lotario propone como ejemplo de una verdad evidente e indiscutible:
Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales.
ANTONIO J. DURÁN GUARDEÑO
La importancia de esta afirmación reside en que no se trata simplemente de una expresión matemática utilizada de manera ocasional por Cervantes. Como señala Durán Guardeño, la sentencia aparece recogida en la tradición matemática y filosófica antigua y, más concretamente, constituye la tercera noción común formulada por Euclides en sus Elementos. De este modo, el pasaje del Quijote establece una conexión directa con uno de los principios fundamentales sobre los que se construye la geometría euclidiana.
La cuestión que se plantea entonces es inevitable:
¿Pudo Cervantes tomar esta formulación de algún tratado de geometría o de la propia obra de Euclides?
Durán Guardeño señala que, en realidad, la sentencia pertenece al ámbito de los Elementos de Euclides y recuerda la estrecha relación existente entre las demostraciones matemáticas y la búsqueda de verdades evidentes, necesarias e indubitables.
Esta referencia adquiere especial relevancia en el contexto de nuestro análisis. Lotario no utiliza las matemáticas como una simple comparación, sino que las presenta como un modelo de razonamiento cuya evidencia puede resultar útil incluso para intentar convencer a quienes, como los moros a los que se refiere en el relato, no aceptan los argumentos basados exclusivamente en la autoridad de las Escrituras. La matemática aparece así como un lenguaje de la razón, fundamentado en demostraciones que, en principio, no admiten discusión.
Dice así Durán Guardeño:
Cervantes, que mostraba aquí ser a la vez tan platónico como aristotélico, daba por segura la fiabilidad indubitable de las matemáticas usando —errónea más que irónicamente— una sentencia más de la lógica que de las matemáticas: si se quitan partes iguales de cosas iguales, las que quedan son iguales, es frase recogida por Aristóteles varias veces en los Analíticos segundos como principio común […]. Aunque más que a las matemáticas, la certeza debía aplicarla por entonces a una sola de las disciplinas matemáticas: la geometría. El propio don Quijote hizo uso de la geometría como garante de fiabilidad de algo tan poco confiable como la existencia de gigantes: “también en la isla de Sicilia se han hallado canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes como grandes torres, que la geometría saca esta verdad de duda”.
ANTONIO J. DURÁN GUARDEÑO
De hecho, la indubitable sentencia «Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales», que Lotario recomendaba usar como espejo de inteligibilidad para convencer de su error a los moros, la pudo haber tomado Cervantes también de un libro de geometría; en realidad del libro de geometría, cabría mejor decir, toda vez que la sentencia no es otra cosa que la tercera noción común propuesta por Euclides en los Elementos.
ANTONIO J. DURÁN GUARDEÑO
En este esclarecedor comentario de Durán Guardeño aparecen referencias a Platón, Aristóteles y Euclides, tres de las grandes figuras de la filosofía y de la ciencia griegas, cuyas ideas y conceptos están, en efecto, presentes en el Quijote. Pero esta constatación plantea una cuestión que considero fundamental:
¿Se corresponden esos conocimientos con la formación, los estudios y la trayectoria vital de Miguel de Cervantes?
Mi respuesta es, al menos, difícil de conciliar con lo que conocemos de su biografía y de su formación. En la enseñanza tradicional de la época, las artes liberales se articulaban en torno al trivium —gramática, retórica y dialéctica— y al quadrivium —aritmética, geometría, astronomía y música—. El dominio de disciplinas como la geometría y la filosofía exigía, por tanto, una formación intelectual específica que no consta que Cervantes recibiera. No existe evidencia documental de que cursara estudios universitarios ni de que siguiera una formación académica sistemática en estas materias.
Ante esta dificultad, suele argumentarse que Cervantes fue un genio autodidacta y que, precisamente por su extraordinaria capacidad intelectual, pudo adquirir por otras vías los conocimientos que aparecen en su obra. Pero el argumento deja abierta una cuestión esencial: si Cervantes no recibió una formación académica en estas disciplinas y tampoco tenemos constancia de que hubiera leído directamente a Platón, Aristóteles o Euclides, ¿Cómo llegó a manejar con tanta precisión conceptos procedentes de sus obras y tradiciones intelectuales?
Otra posibilidad que suele plantearse es que Cervantes pudiera haber accedido a estos autores a través de traducciones al castellano. Sin embargo, también aquí surge una dificultad que conviene analizar. En aquella época, la disponibilidad de traducciones de los autores griegos era todavía limitada. De Platón circulaban en castellano algunos textos o extractos, entre ellos los relacionados con el Timeo; de Aristóteles, determinadas obras, especialmente vinculadas con la lógica, la ética y la política; y de Euclides, los primeros libros de los Elementos de geometría.
Por ello, la cuestión no consiste simplemente en determinar si Cervantes pudo conocer estos autores, sino en establecer por qué vía pudo acceder a unos conocimientos tan concretos y especializados y, sobre todo, cómo explicar la coincidencia entre determinados pasajes del Quijote y textos de autores como Juan Luis Vives. Es precisamente en este punto donde la comparación de fuentes adquiere especial relevancia y donde la hipótesis de Vives como posible autor del Quijote merece, al menos, ser examinada con detenimiento.
Ante la imposibilidad de que Cervantes escribiera el texto de cita de I, 33, yo propongo como autor a Juan Luis Vives, por las siguientes razones:
1.º El contexto en el que se inserta el pasaje es el de la conversión de los moros [al cristianismo], lo que es claro indicio de que el autor del Quijote estaba muy interesado y preocupado por esa cuestión. A quien mejor se puede aplicar tal preocupación es a Juan Luis Vives, porque escribió la importantísima obra apologética De veritate fidei christianae, en la que un cristiano dialoga con un musulmán y con un judío sobre la verdadera religión.
También trató Vives sobre la conversión de los turcos en De concordia et discordia in humano genere, IV, 12:
Hay que amar a los turcos, por ser hombres, y los han de amar aquellos que quieren obedecer las palabras: Amad a vuestros enemigos; así, pues, tendremos buenos deseos para con ellos, lo que es propio del verdadero amor, y les desearemos el único y máximo bien, el conocimiento de la verdad, que no conseguirán nunca con nuestros insultos y maldiciones, sino del modo que lo conseguimos nosotros mismos con la ayuda y el favor de los apóstoles, esto es, con razonamientos adecuados a la naturaleza y a la inteligencia humanas, con la integridad de vida, con la templanza, con la moderación, con intachables costumbres.
JUAN LUIS VIVES
2.º Lo más importante para convertir a los moros son las demostraciones matemáticas que no se pueden negar. Vives, precisamente, se refirió a la fuerza de las demostraciones matemáticas en De disciplinis (I, V, 5).
Con razón afirmó Aristóteles que eran estas disciplinas las que proporcionaban un mayor grado de certeza. Las matemáticas abstraen de la materia las formas, las figuras y los números, y en esas abstracciones no tiene cabida la mentira, pues ni hacen las sumas con afirmaciones ni las divisiones con negaciones.
JUAN LUIS VIVES
También trató Vives de la utilización de las demostraciones matemáticas para otras cuestiones (en el caso del Quijote, la conversión de los moros); lo hizo igualmente en De disciplinis (I, V, 5):
Aristóteles mismo y Platón, al tratar de cuestiones tanto físicas como morales, toman de ellas [las matemáticas], para aplicarlos a la filosofía, los argumentos más evidentes, llamados «demostraciones, semejanzas y ejemplos.
JUAN LUIS VIVES
3.º La presencia en el Quijote de la tercera noción común de Euclides: «Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales», nos lleva otra vez a Vives, que conocía muy bien a Euclides, como lo puso de manifiesto en De disciplinis(2.ª, IV, 5):
Después de que lleguen a ser conocidas todas estas materias, es el momento oportuno de conocer a Euclides. A mí me gustaría que se explicara este autor con detenimiento porque el estudio de las grandes cuestiones concernientes a la especulación es mucho más preciso en él que en otro cualquiera. En su libro se detallan de manera muy sutil los problemas de geometría, de aritmética, de los espejos reflectantes, de perspectiva y de fenómenos atmosféricos.
JUAN LUIS VIVES
4.º El análisis comparativo entre el pasaje quijotesco y el corpus de Vives revela las siguientes e importantes concordancias:
a) Preocupación evangelizadora: Ambos textos comparten una marcada inquietud por la conversión del islam (moros y turcos) al cristianismo.
b) Pedagogía de la evidencia: El Quijote aboga por persuadir mediante «ejemplos palpables, fáciles, inteligibles, demostrativos, indubitables»; Vives propone hacerlo a través de la «integridad de vida» y costumbres intachables.
c) Argumentación racional: El pasaje quijotesco recurre a «demostraciones matemáticas que no se pueden negar»; Vives defiende emplear «razonamientos adecuados a la naturaleza y a la inteligencia humana».
d) Referencia a Euclides: En El Quijote se cita literalmente la tercera noción común de los Elementos («Si de dos partes iguales quitamos partes iguales…»), de Euclides, un autor cuyo estudio sistemático Vives elogiaba y recomendaba fervientemente: «A mí me gustaría que se explicara este autor [Euclides] con detenimiento…».
5.º Dada la improbable hipótesis de que Cervantes hubiese leído directamente a Platón, Aristóteles y Euclides —debido a su falta de formación universitaria, su azarosa biografía y la escasez de traducciones al castellano en la época—, Juan Luis Vives se perfila como el candidato idóneo para la autoría del pasaje analizado y, por extensión, de El Quijote.
Cabe destacar que el humanista valenciano manifestó desde su juventud una permanente inquietud por la conversión de musulmanes y judíos, preocupación que plasmó en su célebre tratado apologético De veritate fidei christianae.
Bibliografía
Beardsley, Theodore S. Jr. Hispano-classical translations printed between 1482 and 1699. Pittsburgh, Duquesne University Press, 1970.
Calero, Francisco. El verdadero autor de los Quijotes: Cervantes y de Avellaneda. Madrid, BAC-UNED, 2015.
Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. 2 vols. Edición de Francisco Rico. Madrid, Real Academia Española, 2015.
Durán Guardeño, Antonio J. «Indubitables y necesarias» o «Con las matemáticas hemos dado, Sancho», en J. M. Sánchez Ron (dir.), La ciencia y el Quijote. Barcelona, Crítica, 2005.
Vives, Juan Luis. De concordia et discordia in humano genere («Sobre la concordia y la discordia en el género humano»). Traducción de Francisco Calero. Valencia, Ayuntamiento, 1997.
— De disciplinis («Las disciplinas»). 3 vols. Traducción de Marco Antonio Coronel y otros. Valencia, Ayuntamiento, 1997.
— De veritate fidei christianae («La verdad de la fe cristiana»). Traducción de Ismael Roca y Joaquín Beltrán. Valencia, Ayuntamiento, 2010.

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