AQUELLOS MARAVILLOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO

 




Un libro de Luis Arribas Hernández, impulsado por la Asociación Musical Grupo Espigar de Muñogalindo (Ávila) y editado por Mundo Libre Libros, rescata los juegos, las palabras, las costumbres y la memoria de una infancia que se niega a desaparecer.


Hay libros que cuentan historias. Hay otros que, sin proponérselo, consiguen algo mucho más difícil: hacer que recordemos las nuestras. Aquellos maravillosos juegos, de Luis Arribas Hernández, pertenece a esa segunda categoría.

AQUELLOS MARAVILLOS JUEGOS Portada 3D - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín
Adquisición bajo pedido a:
ASOCIACIÓN MUSICAL GRUPO ESPIGAR (MUÑOGALINDO)
Teléfonos:646070829/635497764

No estamos simplemente ante un catálogo de juegos infantiles de otros tiempos. Estamos ante un ejercicio de memoria. Una puerta abierta a una España rural que ya casi no existe y, más concretamente, a la memoria de Muñogalindo y su anejo Salobralejo, en Ávila. Un pequeño territorio que en estas páginas adquiere la dimensión de un universo entero.

El libro ha sido impulsado por la Asociación Musical Grupo Espigar de Muñogalindo y editado por Mundo Libre Libros. Su publicación tiene, además, un significado especial: en 2026 la Asociación celebra el vigésimo aniversario de El Día de la Era, una iniciativa dedicada a recuperar y poner en valor labores del campo, antiguos oficios, canciones, rondas y tradiciones.

Grupo Musical Espigar Dibujo - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

Pero quizá lo más hermoso sea que este libro nace de algo aparentemente sencillo: recordar.

Una infancia hecha con casi nada

Luis Arribas Hernández nació en Muñogalindo en 1941 y allí transcurrieron sus primeros años, en una familia humilde vinculada al trabajo del campo. Más tarde desarrollaría una larga trayectoria como maestro y mantendría siempre una profunda vinculación con la enseñanza, la música y la transmisión de conocimientos.

Y es precisamente desde esa memoria personal desde donde comienza esta aventura.

Luis Arribas Hernandez Retrato - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín
LUIS ARRIBAS HERNÁNDEZ
( Retrato de Inés Martín del Pozo)

Hubo un tiempo en que en los pueblos no existían videojuegos, parques infantiles, teléfonos móviles ni una oferta inagotable de entretenimiento. El propio autor recuerda que tampoco había televisión ni juegos recreativos y que las bicicletas eran escasas. Para jugar había que recurrir a algo que hoy quizá tengamos demasiado olvidado: la imaginación.

Una cuerda podía convertirse en un juguete. Un palo podía convertirse en una herramienta. Unos botes podían transformarse en zancos. Una piedra podía ser el elemento imprescindible para comenzar un juego. Y una plaza podía ser todo un mundo.

La frase que acompaña al libro resume de manera extraordinaria esa filosofía:

«Éramos pobres en cosas, pero ricos en tiempo, en amigos y en ganas de jugar».

Quizá ahí se encuentre una de las grandes lecciones que este libro nos propone.

La plaza como escuela de vida

Cuando uno recorre sus páginas descubre que aquellos juegos no eran únicamente una forma de pasar el tiempo. Eran también una escuela. Había que aprender a respetar unas reglas, esperar el turno, aceptar una derrota, formar equipos, resolver conflictos y negociar las pequeñas disputas que inevitablemente surgían. Los juegos exigían habilidad, imaginación, esfuerzo físico y, sobre todo, la presencia de los demás.

La plaza, las eras, las escuelas, los alrededores de la iglesia, los corrales, los pajares, el Ayuntamiento o los espacios abiertos alrededor del pueblo se convertían en escenarios cotidianos de convivencia.

Aquellos maravillosos juegos Dibujo 1 - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

No había que reservar una pista. No había que pagar una entrada. No hacía falta conectarse a ninguna red. La red era la propia comunidad. Y quizá por eso el recuerdo de aquellos juegos está tan estrechamente unido al recuerdo de las personas.

Un libro que conserva mucho más que juegos

Una de las grandes virtudes de Aquellos maravillosos juegos es que Luis Arribas no se limita a describir cómo jugaban los niños. El libro conserva también costumbres, expresiones, palabras, comparaciones populares, nombres de parajes y formas de hablar que corren el riesgo de desaparecer. La propia Asociación Musical Grupo Espigar explica que quiso reunir en un mismo volumen todo ese universo de la memoria local.

Por eso estas páginas tienen también un indudable valor antropológico y cultural. Cuando desaparece una palabra, no desaparece solamente una palabra. A veces desaparece una manera de mirar el mundo. Cuando cambia el nombre de un lugar, puede desaparecer también una pequeña parte de la historia que ese nombre contenía. Y cuando dejamos de contar cómo jugaban nuestros mayores, perdemos una forma de comprender cómo era su vida cotidiana.

El libro se convierte así en una especie de archivo sentimental de Muñogalindo y, a través de él, en una pequeña pero valiosa ventana al universo sociocultural de toda una época en España. Porque en sus páginas no solo quedan registrados los juegos de una generación, sino también sus palabras, sus costumbres, sus espacios de convivencia, sus formas de relacionarse y una manera de entender la infancia y la vida comunitaria que el paso del tiempo ha ido transformando.

La memoria como forma de gratitud

Hay algo particularmente hermoso en el propósito de Luis Arribas. Él mismo advierte que puede haber repeticiones, errores, cambios de tiempo verbal o detalles imperfectamente recogidos. No pretende presentarse como escritor. Su intención es otra: evitar que determinados momentos se pierdan. Y confiesa que se dará por satisfecho si consigue despertar un poco de nostalgia en quien lea sus páginas.

Esa humildad, paradójicamente, engrandece el libro. Porque la memoria colectiva no siempre necesita eruditos. A veces necesita simplemente alguien que recuerde. Alguien que diga: aquí jugábamos. Aquí estaba aquella laguna. Aquí se reunían los niños. Esta palabra la utilizábamos entonces. Esta canción la cantábamos así. Este era el nombre de aquel lugar.

Aquellos maravillosos juegos Dibujo 2 - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

Así se construye también la historia de un pueblo: no solo con sus grandes acontecimientos, sino con esas pequeñas cosas que dieron sentido a la vida cotidiana de quienes lo habitaron. En términos unamunianos, podríamos decir que estas páginas rescatan la intrahistoria de Muñogalindo, pero también la de toda una época: la historia silenciosa de quienes, sin aparecer en los libros de historia, fueron construyendo día a día la vida, las costumbres, las palabras y la identidad de su tiempo.

Del recuerdo individual a la memoria colectiva

El mérito de Luis Arribas no ha consistido únicamente en recordar. Ha consistido en preguntar. En recuperar detalles. En acudir a otras personas para completar aquello que el paso del tiempo había borrado. Y también en incorporar los juegos de las niñas, con la colaboración de varias mujeres del pueblo, ampliando así la mirada hacia una memoria compartida.

Ese proceso convierte un recuerdo personal en patrimonio colectivo. Y ahí aparece una idea que considero fundamental: la memoria no pertenece solamente a quien la vivió; también pertenece a quienes vienen después.

Un niño que lea hoy estas páginas quizá no comprenda inicialmente la fascinación de jugar con una peonza, una comba, unas tabas o un simple trozo de madera. Pero podrá descubrir algo que difícilmente encontrará en una pantalla: que hubo generaciones capaces de inventar mundos enteros con muy poco.

Aquellos maravillos juegos Dibujos 3 - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

¿De verdad éramos más felices?

El libro plantea inevitablemente una comparación entre aquel mundo y el nuestro.

Hoy tenemos más posibilidades, más tecnología, más recursos y más formas de entretenimiento. Sin embargo, Aquellos maravillosos juegos deja flotando una pregunta incómoda:

¿Tener más significa necesariamente vivir mejor?

El epílogo lo expresa con claridad: aquellas diversiones enseñaban compañerismo, ingenio, esfuerzo, valentía y convivencia. Eran, en definitiva, una auténtica escuela de vida.

Quizá no se trate de afirmar que el pasado fue mejor. Sería demasiado sencillo. También había pobreza, limitaciones y dificultades. El propio libro las muestra. La cuestión es otra.

Tal vez aquella infancia nos recuerde que la felicidad no siempre guarda relación con la cantidad de cosas que poseemos, sino con nuestra capacidad para compartirlas, imaginarlas y disfrutarlas juntos.

El verdadero valor de rescatar el pasado

Vivimos en una época obsesionada con el futuro. Hablamos de inteligencia artificial, transformación digital, nuevas tecnologías, redes sociales y cambios vertiginosos. Todo eso forma parte de nuestro tiempo. Pero una sociedad que solo mira hacia delante corre el riesgo de olvidar de dónde viene.

Por eso iniciativas como la de la Asociación Musical Grupo Espigar tienen un valor que trasciende la publicación de un libro. Durante dos décadas, la Asociación ha trabajado para investigar, recuperar y poner en valor el patrimonio cultural de Muñogalindo: su folklore, su música, sus canciones, sus fiestas y sus tradiciones.

Grupo Musical Espijar junto al mural - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

Aquellos maravillosos juegos encaja perfectamente en esa filosofía. Es un libro que rescata el pasado para entregárselo al futuro. Y en esa tarea participan muchas personas: quienes recordaron, quienes aportaron datos, quienes ayudaron a reconstruir juegos y costumbres y quienes hicieron posible que todo ello pudiera quedar reunido en estas páginas.

Un legado para quienes todavía no han nacido

Quizá ese sea el verdadero significado de este libro. No pretende devolvernos la infancia. Eso sería imposible. Pretende algo más humilde y, al mismo tiempo, más importante: impedir que desaparezca la memoria de quienes fueron niños en aquellos años.

👉Que alguien pueda abrir mañana estas páginas y saber cómo se divertían sus abuelos.

👉Que pueda descubrir que una plaza fue alguna vez el centro de un universo infantil.

👉Que pueda conocer palabras que ya casi nadie utiliza.

👉Que pueda reconocer en un juego aparentemente sencillo una lección sobre amistad, cooperación, esfuerzo o imaginación.

👉Que pueda comprender, en definitiva, que la historia también está hecha de pequeñas cosas.

Luis Arribas ha rescatado sus recuerdos. El Grupo Musical Espigar ha ayudado a convertirlos en memoria colectiva. Y Mundo Libre Libros ha contribuido a darles forma de libro para que puedan viajar hacia nuevas generaciones.

Cuando recordar también es agradecer

Hay una frase en las primeras páginas que, a mi juicio, resume el espíritu de toda la obra:

«Recordar también es una forma de agradecer».

Agradecer a quienes estuvieron. A quienes enseñaron. A quienes jugaron. A quienes cantaron. A quienes conservaron las palabras. A quienes hicieron posible que un niño de entonces pudiera convertirse, muchos años después, en el custodio de una parte de la memoria de su pueblo.

Y quizá también agradecer a quienes hoy tienen la generosidad de abrir un viejo álbum de recuerdos y compartirlo con nosotros. Porque mientras alguien recuerde, una parte de lo vivido seguirá existiendo. Y cuando un pueblo conserva sus recuerdos, no solo conserva su pasado: conserva también una parte de su identidad.

Aquellos maravillosos juegos Dibujo 4 1 - AQUELLOS MARAVILLOSOS JUEGOS O CUANDO PARA SER FELICES BASTABA CON MUY POCO - Acalanda Magacín

Aquellos maravillosos juegos  es, en definitiva, mucho más que un libro sobre juegos. Es un libro sobre la infancia, la amistad, la imaginación, la memoria y el paso del tiempo. Un libro que nos recuerda algo que quizá necesitamos escuchar en estos tiempos de abundancia tecnológica y de escasez de tiempo: que para jugar hacía falta muy poco; para ser amigos, todavía menos; y para ser felices, quizá bastaba con estar juntos.


Comentarios

Entradas populares

POR QUÉ HE ESCRITO QUIÉN ESCRIBIÓ REALMENTE EL QUIJOTE

RTVE: CUANDO UNA TELEVISIÓN PÚBLICA DEJA DE SER LA TELEVISIÓN DE TODOS

EL MUNDO DESPUÉS DEL 3 DE ENERO

LA RUTA DE LAS RATAS

TRES ACCIDENTES FERROVIARIOS Y UNA SOLA PREGUNTA