LA PRESENCIA DE FLANDES EN EL QUIJOTE

 




El profesor Francisco Calero sostiene que diversas referencias a Flandes presentes en El Quijote —como los «bancos de Flandes», los tapices flamencos, los molinos de viento o el uso del término «gimnasios»— reflejan un conocimiento directo de la realidad cultural y geográfica de los Países Bajos. A su juicio, estos detalles encajan mucho mejor con la biografía de Juan Luis Vives, que vivió y viajó por aquella región, que con la de Miguel de Cervantes, por lo que los considera nuevos indicios en favor de la tesis que atribuye la autoría de la obra al humanista valenciano.


 «Los bancos de Flandes»

En el episodio de las «Bodas de Camacho», al ver Sancho a la novia, exclamó (II, 21):

«Juro en mi ánima que ella es una chapada moza, y que puede pasar por los bancos de Flandes».

EL QUIJOTE (II, 21)

A pesar de su rusticidad, Sancho emplea un lenguaje culto: «ánima por alma, chapada moza» (de buenas cualidades); y también hace referencia a un dicho poco conocido en España como es el «pasar por los bancos de Flandes», que eran unos bancos de arena que hacían peligrosa la navegación en las costas de Flandes. Puesto que no hay constancia de que Cervantes visitara Flandes, resulta poco probable que conociera el dicho y la realidad aludida. Por el contrario, Juan Luis Vives conocía bien esa navegación, ya que desde 1523 a 1528 residió en Inglaterra y viajó con frecuencia a Brujas para estar con su esposa.

Flandes 3 1 - LA PRESENCIA DE FLANDES EN EL QUIJOTE - Acalanda Magacín

Los tapices flamencos y los triunfos romanos

En la «Aventura de Clavileño», la Dolorida dice a don Quijote que suba sin miedo a Clavileño y así lo hizo él (II, 41):

«Y, así, sin más altercar, subió sobre Clavileño y le tentó la clavija, que fácilmente se rodeaba; y como no tenía estribos y le colgaban las piernas, no parecía sino figura de tapiz flamenco, pintada o tejida, en algún romano triunfo».

EL QUIJOTE (II, 41)

El dominio detallado sobre los célebres tapices flamencos resulta especialmente atribuible a Vives, en virtud de su estancia en dicha región. Asimismo, la localización del tapiz en un triunfo romano constituye otro elemento indicativo de su autoría.

El triunfo en Roma era el máximo premio que se podía conceder a un general; para obtenerlo, el general tenía que haber conseguido una gran victoria sobre un ejército enemigo y haber matado a más de 5.000 soldados. Se celebraba en Roma con un desfile muy pomposo hasta el templo de Júpiter Capitolino. Vives, que tenía unos extraordinarios conocimientos de historia romana, sentía predilección por esa manifestación de la grandeza de Roma. Por dicha razón, en una de sus obras de juventud (con 20 años), titulada «Christi Jesu Triumphus», trató con amplitud del triunfo romano, comparándolo con el triunfo de Cristo sobre la muerte por medio de su resurrección. Es una obra preciosa por sus valores históricos, religiosos y literarios.

Carece de verosimilitud que Cervantes, dada su escasa formación académica y su azarosa vida, tuviese un conocimiento preciso sobre los triunfos romanos.

Hay otra referencia a la tapicería flamenca en II, 62, al tratar de la traducción:

«Pero, con todo esto, me parece que el traducir de una lengua a otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que, aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las escurecen y no se ven con la lisura y tez de la luz».

EL QUIJOTE (II, 62)

Es evidente que el autor del Quijote poseía un profundo conocimiento de los tapices flamencos, como demuestra el uso que hace de ellos en distintos tipos de analogías. Dicha familiaridad resulta sustancialmente más atribuible a Vives que a Cervantes.

Los molinos de viento

La célebre aventura de los molinos de viento comienza con la irrupción de esos «treinta o cuarenta desaforados gigantes» que Don Quijote cree divisar (I, 8):

«En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento, que hay en aquel campo»

EL QUIJOTE (I, 8)

A la hora de comentar este pasaje, al no ser especialista en la historia de la tecnología de la época, me remito al revelador artículo del catedrático de Mecánica de Fluidos, Nicolás García Tapia titulado «Los molinos en el Quijote y la técnica española de la época»

García Tapia subraya varias incoherencias al intentar ubicar el célebre episodio de los molinos en la geografía manchega, como la que expone a continuación (pág. 210):

«Es decir, los molinos de viento [en el Quijote] no estaban en un alto, como era habitual en La Mancha para aprovechar mejor las corrientes de aire que soplan de manera constante en las lomas de la Meseta; si hubiera sido así, don Quijote y Sancho los hubieran apercibido desde lejos y no de forma repentina como se insinúa en el texto […] Es evidente que el lugar donde se desarrolla esta acción es imaginario».

NICOLÁS GARCÍA TAPIA
«Los molinos en el Quijote y la técnica española de la época»
Flandes y Vives - LA PRESENCIA DE FLANDES EN EL QUIJOTE - Acalanda Magacín

En definitiva, esto implica que los molinos del Quijote no son, en realidad, los característicos molinos manchegos.

Los molinos de viento se introdujeron en España desde los Países Bajos hacia 1575, por lo que su uso era reciente y nada tradicional en la época de Cervantes; además, se instalaban en el llano y no en elevaciones, según señala García Tapia. Por el contrario, donde estos molinos formaban parte del paisaje habitual, proliferaban en gran número y se situaban en las llanuras era en los Países Bajos.

Resulta claro, por tanto, que la inspiración de esta aventura encaja muchísimo mejor con el entorno flamenco, la segunda patria de Vives.

Los gimnasios

En el episodio del «Caballero del Verde Gabán», don Quijote, tras enumerar las ciencias que debe dominar el caballero andante, afirma (II, 18):

«Porque vea vuestra merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, y si se puede igualar a las más estimadas que en los gimnasios y escuelas se enseñan».

EL QUIJOTE (II, 18)

En la España del Siglo de Oro, el vocablo «gimnasio» carecía de uso común para referirse a los establecimientos educativos, denominados ordinariamente escuelas, colegios o estudios. Dicha nomenclatura era, por el contrario, habitual en Alemania y en los Países Bajos, donde se conserva hasta la actualidad. Asimismo, de haber sido Cervantes el verdadero autor del Quijote, resulta lógico esperar alguna evocación del Estudio de la Villa. Aunque la historiografía cuestiona la duración — e incluso la certeza— de su permanencia en esta institución a cargo de Juan López de Hoyos, se trata de la principal huella académica vinculada a su juventud, lo que haría comprensible una mención a este entorno.

Conclusión

En conjunto, estas referencias a Flandes constituyen mucho más que simples alusiones geográficas o culturales. Revelan un conocimiento preciso de una realidad que difícilmente puede atribuirse al azar y que adquiere pleno sentido a la luz de la biografía de Juan Luis Vives. Consideradas de forma aislada podrían parecer meras coincidencias; pero, contempladas en su conjunto, se integran en un amplio mosaico de indicios que invita a replantear, sin prejuicios y con rigor académico, uno de los mayores enigmas de la historia de la literatura: la verdadera autoría de El Quijote.


BIOGRAFÍA


Book cover titled 'El verdadero autor de los «Quijotes» de Cervantes y de Avellaneda' by Francisco Calero, featuring a historical illustration.
El verdadero autor de los “Quijotes» de Cervantes y Avellaneda”

Book cover of 'Autobiografía de Juan Luis Vives' by Francisco Calero, featuring a portrait of Juan Luis Vives and a backdrop of a historical cityscape.
Autobiografía de Juan Luis Vives: Una vida modélica dedicada al estudio y la escritura

Book cover titled '¿Quién escribió realmente El Quijote?' featuring an illustration of a hand holding a quill writing on parchment, with text detailing the author's name and synopsis.
¿QUIÉN ESCRIBIÓ REALMENTE EL QUIJOTE?

¿QUIÉN ESCRIBIÓ REALMENTE EL QUIJOTE?
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