LA POESÍA EN EL QUIJOTE
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El siguiente análisis del profesor Francisco Calero destaca que el elogio más elevado a la poesía se encuentra en El Quijote, donde se la define como una hermosa doncella que se nutre de todas las ciencias, una visión inspirada en la Poética de Aristóteles, quien la consideraba más noble y filosófica que la historia por tratar lo general. Esta concepción sublime, caracterizada por la pureza, el deleite y la discreción, se repite en otras obras de Cervantes como Persiles y Sigismunda y La Gitanilla, y coincide estrechamente con la perspectiva de Luis Vives, quien en sus escritos en latín ensalzó el poder armonizador, magnífico y sanador de las musas. Así, la capacidad de realizar elogios tan emotivos hacia el arte poético constituye un vínculo fundamental que une el pensamiento de Cervantes con el del humanista Luis Vives.
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En las páginas de El Quijote hallamos uno de los
elogios más excelsos y profundos que jamás se hayan dedicado al arte poético.
Este pasaje cumbre acontece durante el célebre episodio del Caballero del Verde
Gabán, instante en el que un don Quijote imbuido de una sublime inspiración
lírica proclama con vehemencia (II, XVI):
«La poesía, señor hidalgo, a mi parecer es como una
doncella tierna y de poca edad y en todo estremo hermosa, a quien tienen
cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas
las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de
autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída
por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones
de los palacios.»
La idea de que la poesía se sirve de todos los conocimientos está
inspirada en la Poética de Aristóteles donde, después de comparar la poesía con
la historia, defiende que:
Por eso es más filosofía y más noble la poesía que la historia, pues la
poesía habla más bien de lo general, la historia de lo particular.
Aristóteles quiere decir que en la poesía se pueden
tratar todas las materias; y esto, desde el inicio de la antigüedad. Así, Homero
en Ilíada trata historia y
mitología y en Odisea viajes. Hesíodo en Teogonía trata
cosmogonía y mitología y en Trabajos y días, agricultura. Parménides en
su poesía expone su concepción filosófica. Arato en sus Phenómena se
ocupa de astronomía. Y, entre los
latinos podemos citar a Lucrecio que, en su De rerum natura, expone
la filosofía epicúrea. De ahí deriva la alta concepción que Aristóteles
tenía de la poesía.
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El elogio contenido en El Quijote puede completarse con el que se hace en Persiles y
Sigismunda, la segunda novela en importancia después del Quijote. Al llegar
a Badaj, un poeta, contemplando la belleza de Auristela y de Constanza, exclama
( III, 2):
«Pero la excelencia de la poesía es tan limpia como el agua
clara, que a todo lo no limpio aprovecha; es como el sol que pasa por todas las
cosas inmundas sin que se le pegue nada; es habilidad, que tanto vale cuanto se
estima. Es un rayo que suele salir de donde está encerrado, no abrasando sino
alumbrando. Es instrumento acordado que dulcemente alegra los sentidos y, al
paso del deleite, lleva consigo la honestidad y el provecho.»
«Hase de usar la poesía como de una joya preciosísima, cuyo
dueño no la trae, ni la muestra a todas las gentes,ni a cada paso sino cuando
convenga y sea razón que la muestre. La poesía es una bellísima doncella,
casta, honesta, discreta, aguda, retirada, y que se contiene en los límites de
la discreción más alta. Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los
prados la consuelan, los árboles la deshojan, las flores la alegran, y,
finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella se comunican.»
Luis Vives elogió la poesía en varios pasajes de sus obras escritas en
latín. En De disciplinis (2ª parte, III, 5) escribió:
«Grande es el alivio que hallan los espíritus en la poesía
gracias a su armonía y a sus acordes. Por lo que atañe al verso considero, en
verdad, que la dulzura de los poetas emana de aquella congruencia que tiene su
melodía en el espíritu humano. Se sirven en sentido propio o traslaticio de
palabras dotadas de grandeza, sublimidad y brillantez. Ofrecen temas de
extraordinaria fuerza(…). Y así como ellos mismos son tocados por un soplo que
parece elevarlos por encima de la capacidad de su inteligencia y de su
naturaleza, de la misma forma exhalan cierto hálito magnificante y excelso.»
Y en la Dedicatoria De Veritas fucata nos descubre su
espíritu poético:
«Allí no condeno a las musas ( por cuya afición yo estoy
maravillosamente atrapado y apenas considero hombres a quienes las aborrecen)
sino que me alejo de las que nada tienen excepto nombres de hombres impíos,
porque también, como dijo San Pablo, siguiendo a Menandro: las malas compañías
corrompen las buenas costumbres.»
En conclusión, la presencia de
estos elogios tan maravillosos, sublimes y profundamente emotivos hacia el arte
poético no representa un hecho aislado, sino que constituye una correspondencia
conceptual e ideológica fundamental que vuelve a estrechar los lazos
intelectuales entre El Quijote y el pensamiento de Juan Luis Vives. Esta
veneración compartida por la lírica —entendida por ambos autores como una
disciplina excelsa, sanadora del espíritu y estrechamente vinculada a la más
alta discreción y a la tradición aristotélica— viene a sumarse, de manera
armoniosa, a las diversas afinidades y convergencias doctrinales que ya hemos
venido desgranando detalladamente en los anteriores artículos de esta revista.


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