EL JUEGO DE LA SEPIA O LA FUERZA DE LO IRREPETIBLE
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Vivimos en una época en la que casi todo puede reproducirse. Una película puede verse cientos de veces. Una canción puede escucharse hasta el infinito. Incluso la Inteligencia Artificial comienza a generar textos, imágenes o vídeos en cuestión de segundos. Sin embargo, existe un territorio que continúa resistiéndose a esa reproducción perfecta: el teatro.
Esa fue una de las reflexiones que me dejó la conversación mantenida con Auba Ramis, actriz, cantante y fundadora de Búnker Teatro, compañía creadora del espectáculo El Juego de la Sepia, una propuesta que combina improvisación, participación del público y tecnología para construir una experiencia distinta cada noche.

Lo más llamativo no es únicamente la originalidad del montaje. Lo verdaderamente interesante es la filosofía que lo sostiene.
Búnker Teatro nació en plena pandemia, cuando las artes escénicas atravesaban uno de sus momentos más difíciles. Mientras muchos teatros permanecían cerrados, un grupo de jóvenes artistas decidió hacer justamente lo contrario de lo que aconsejaba el miedo: crear.
Auba Ramis resume aquella etapa con una frase que merece ser recordada:
«El hambre agudiza el ingenio y las hambrunas teatrales siempre son muy productivas.»
AUBA RAMIS
Quizá esa afirmación sirva también para explicar muchas de las grandes transformaciones culturales de la historia. Las crisis obligan a reinventarse.
(Trailer)
Un espectáculo que nunca vuelve a repetirse
«El Juego de la Sepia» comenzó siendo una obra interactiva relativamente convencional. Pero durante los ensayos ocurrió algo inesperado. La improvisación empezó a ganar terreno al texto escrito. Poco a poco las escenas fijadas fueron desapareciendo hasta convertirse en un espectáculo donde cada representación depende de las decisiones del público.

No existen dos funciones iguales. Los espectadores intervienen constantemente, proponen situaciones, toman decisiones e incluso modifican el destino de los personajes. Los actores no conocen lo que sucederá unos minutos después. En esto, precisamente, reside la magia.
En una sociedad acostumbrada al contenido bajo demanda, donde todo parece previsible, el teatro vuelve a convertirse en un espacio donde puede ocurrir cualquier cosa.

La tecnología no siempre deshumaniza
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es la incorporación de una aplicación móvil que permite participar en la función. Algunos podrían pensar que introducir teléfonos móviles en un teatro supone una contradicción. Auba Ramis sostiene exactamente lo contrario.
La tecnología, utilizada con inteligencia, puede facilitar la participación de quienes nunca se atreverían a levantar la mano desde la butaca. No sustituye al actor. No sustituye a la emoción. Simplemente amplía las posibilidades del espectáculo.
Quizá el problema nunca haya sido la tecnología, sino el uso que hacemos de ella.
Reír… para pensar
Bajo la apariencia de una comedia improvisada se esconde una reflexión bastante más profunda. La estética recuerda inevitablemente a El juego del calamar o Los Juegos del Hambre. Personas obligadas a competir. El poder decidiendo las reglas. La supervivencia convertida en espectáculo. El público ríe. Pero también descubre, casi sin darse cuenta, hasta qué punto resulta fácil divertirse contemplando las dificultades ajenas.
No existe un discurso moral explícito. Cada espectador extrae sus propias conclusiones. Y probablemente esa sea una de las mayores virtudes del teatro. No impone respuestas. Formula preguntas.

El valor de lo inesperado
Escuchando a Auba Ramis comprendí que improvisar no significa improvisar. Detrás existe entrenamiento, disciplina, confianza absoluta entre los actores y una aceptación del error como parte del proceso creativo.
«Hay que amar lo inesperado»
AUBA RAMIS
Tal vez esa frase también pueda aplicarse a la vida. Nos esforzamos por controlar cada detalle. Sin embargo, los mejores momentos suelen aparecer precisamente cuando abandonamos la necesidad de tenerlo todo previsto.
Una experiencia irrepetible
Al final de nuestra conversación le pregunté qué papel debe desempeñar hoy el teatro en una sociedad dominada por las pantallas y la inteligencia artificial. Su respuesta resume perfectamente la esencia de este arte:
«El teatro ofrece algo que ningún otro formato puede reproducir: una experiencia única compartida.»
AUBA RAMIS
Creo que ahí reside la verdadera diferencia. La Inteligencia Artificial puede escribir un texto. Puede pintar un cuadro. Puede incluso generar una voz o un rostro inexistentes. Pero no puede reproducir ese instante irrepetible en el que cientos de personas contienen simultáneamente la respiración porque algo inesperado acaba de suceder sobre un escenario.

Quizá por eso el teatro no solo sigue vivo. Quizá por eso hoy resulta más necesario que nunca. Porque, frente a un mundo cada vez más programado, continúa recordándonos que la vida auténtica siempre contiene una parte de improvisación.

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