LA ASTRONOMÍA EN EL QUIJOTE
La astronomía está muy presente en el Quijote, ya que hay bastantes referencias a ella en los capítulos 29,41, 42 y 45 de la segunda parte. Por eso, dos especialistas escribieron sendas colaboraciones en el volumen colectivo «La ciencia y el Quijote» (2005). La de Mariano Esteban Piñeiro se titula «La ciencia de las estrellas», y la de Víctor Navarro Brotons, «La geografía y la cosmografía en la época del Quijote».
Baste con esta cita de M. Esteban Piñeiro: «Una de las conclusiones que es posible extraer de estas páginas es, sin duda, la posesión por parte de Miguel de Cervantes de amplios conocimientos astronómicos». Esteban Piñeiro, sin embargo, no explica dónde y cuándo pudo adquirir Cervantes esos conocimientos astronómicos. Recordemos que la astronomía se cursaba en las universidades dentro del llamado “quadrivium”: aritmética, geometría, astronomía y música.
Por razones de espacio, no puedo abordar todas las referencias a la astronomía que contiene El Quijote. Por ello, remito a mi trabajo «La astronomía y la astrología en el corpus cervantino y en Luis Vives» (2022). Aquí me limitaré a comentar la influencia de Cicerón.
En el capítulo XLI de la segunda parte del Quijote se cuenta la aventura del caballo de madera llamado Clavileño en el que se subieron don Quijote y Sancho con los ojos vendados. Ellos pensaron que habían ascendido hasta el cielo y que habían recorrido sus distintas regiones. Al bajar del vuelo de Clavileño, Sancho comenta al duque lo que más le había impresionado:
«Después que bajé del cielo y después que desde su alta cumbre miré la Tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande de ser gobernador porque, ¿Qué grandeza es mandar en un grano de mostaza? o ¿Qué dignidad o imperio es gobernar a media docena de hombres tamaños tan grandes como avellanas, que a mi parecer no había más en toda la Tierra?».
La idea de la pequeñez terrestre expresada por Sancho procede del «Somnium Scipionis»,de Cicerón. En esta obra, el general romano Publio Cornelio Escipión Emiliano─ el destructor de Cartago y de Numancia─, tiene un sueño y en él, desde el cielo contempla la Tierra y dice:
«En este momento la Tierra misma me pareció tan pequeña que me avergonzaba de nuestro imperio, con el que dominamos por así decirlo un punto de la Tierra».
La obra de Cicerón, «Somnium Scipionis» fue comentada a finales del siglo IV d.C. por Macrobio, gran escritor romano. Y en 1979, el investigador inglés Michael D. Mcgaha, publicó el interesante artículo titulado «The influence the Macrobius on Cervantes». Un pasaje de este artículo dice: «Una breve inspección del contenido del “Somnium” y del comentario de Macrobio nos servirá para darnos una idea general de cómo, justamente, Cervantes fue deudor en gran medida de esta obra. Se podrían citar cientos de pasajes de los escritos de Cervantes para ilustrar que el contenido de Macrobio formó una parte importante de la educación cultural de Cervantes».
Otro investigador, Franklin O. Branley en su artículo «Sancho ascent into the spheres» («El ascenso de Sancho a las esferas») de 1970, demostró que el “Somnium Scipionis”, con su viaje astral, fue la fuente de la aventura de Clavileño. Ahora bien, ni Macgaha ni Branley justifican los elevados conocimientos del latín de Cervantes, necesarios para conocer y comprender esta obra, que no estaba en esa época traducida al castellano.
¿Conocía Juan Luis Vives «Somnium Scipionis»? Sí, hasta el punto de que Vives fue un gran admirador de esta obra, considerándola de mejor contenido y la más bella después de la Biblia. Dedicó su obra «Somnium et vigilia in somnium Scipionis» («Sueño y comentario sobre el sueño de Escipión») —considerada su mejor obra desde el punto de vista literario— a comentar la obra de Cicerón. La siguiente reflexión recoge la misma idea de la pequeñez de la Tierra:
«Pero a mí la propia Tierra me pareció pequeñísima y de tan poca extensión que me producía pesadumbre y tristeza el hecho de que nuestros antepasados y nosotros mismos hubiésemos emprendido tantas guerras, tantas revueltas, tantos esfuerzos y tantos sufrimientos por una parte tan estrecha y tan inconsistente de un territorio tan reducido».

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