LA ALIMENTACIÓN Y LA MEDICINA EN EL QUIJOTE: UNA LECCIÓN DE SALUD CONFIRMADA POR LA CIENCIA MODERNA

 



La revista cultural Acalanda Magacín acaba de publicar un nuevo trabajo del profesor emérito de Filología Latina de la UNED, Francisco Calero, bajo el título La alimentación y la medicina en El Quijote. El estudio pone de relieve un aspecto poco conocido de la gran obra magna de la literatura universal: la importancia que concede a la alimentación como fundamento de la salud y como instrumento para prevenir las enfermedades.

El punto de partida de la investigación se encuentra en uno de los consejos que don Quijote dirige a Sancho Panza antes de asumir el gobierno de la Ínsula Barataria:

«Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago».

Lejos de ser una simple observación moral o una recomendación doméstica, Francisco Calero interpreta estas palabras como la expresión de una concepción médica muy precisa, basada en los principios de la medicina clásica de Hipócrates y Galeno.

El doctor Pedro Recio y la medicina preventiva

La tesis del profesor Calero encuentra apoyo en la figura del célebre doctor Pedro Recio de Tirteafuera, encargado de velar por la salud de Sancho durante su gobierno. El médico somete al nuevo gobernador a una estricta disciplina alimentaria, hasta el punto de provocar sus continuas protestas.

Sancho resume la filosofía de aquel médico con una frase memorable:

«Este tal doctor dice él mismo de sí mismo que él no cura las enfermedades cuando las hay, sino que las previene para que no vengan, y las pócimas son dietas y más dietas».

Para Calero, tanto don Quijote como el doctor Recio coinciden en una idea esencial: la mejor medicina es la prevención, y esta comienza por una alimentación moderada y sencilla.

Hipócrates, Galeno y la tradición humanista

El estudio recuerda que la medicina galénica consideraba la dieta como el primer recurso terapéutico. Solo cuando esta no resultaba suficiente se recurría a los medicamentos y, en última instancia, a la cirugía. Esta interpretación coincide con las conclusiones de la doctora María Luz López Terrada en su trabajo sobre la alimentación en El Quijote.

Francisco Calero establece además una conexión directa con el gran humanista valenciano Juan Luis Vives, quien en su obra De disciplinis defendió la estrecha relación entre medicina y dietética, llegando a recomendar que el médico intentara curar primero mediante un adecuado régimen alimenticio.

Según Calero, las ideas expresadas en El Quijote reflejan exactamente esa tradición médica y humanista que hunde sus raíces en la Antigüedad clásica.

Una sorprendente actualidad

Uno de los aspectos más llamativos del artículo es la relación que establece entre aquellas antiguas recomendaciones y algunos descubrimientos científicos recientes.

En sus conclusiones, el profesor Calero recuerda que la medicina moderna ha confirmado la importancia de la restricción calórica y del ayuno moderado para la salud celular. Como ejemplo cita los trabajos del biólogo japonés Yoshinori Ohsumi, galardonado con el Premio Nobel por sus investigaciones sobre la autofagia, el mecanismo mediante el cual las células eliminan y reciclan componentes dañados.

La coincidencia resulta notable: lo que Hipócrates, Galeno y Juan Luis Vives defendieron hace siglos encuentra hoy respaldo en algunos de los avances más relevantes de la biología contemporánea.

Quizá por ello las recomendaciones de don Quijote a Sancho Panza continúan resultando tan actuales. Desde Hipócrates, Galeno y Juan Luis Vives hasta Santiago Ramón y Cajal —Premio Nobel de Medicina y padre de la neurociencia moderna—, se mantiene una misma convicción: la mejor medicina es la que evita la enfermedad. Como expresó el sabio aragonés con la claridad que le caracterizaba, «Más vale prevenir que curar; la profilaxis que la terapéutica». Una enseñanza que la ciencia moderna sigue confirmando y que convierte a El Quijote en una obra sorprendentemente adelantada a su tiempo.

Un nuevo argumento en el debate sobre la autoría

El estudio del profesor Calero trasciende el ámbito de la historia de la medicina para adentrarse en una cuestión que lleva décadas investigando: la verdadera autoría de El Quijote. Si la obra incorpora con naturalidad conceptos procedentes de Hipócrates, Galeno y de la tradición humanista representada por Juan Luis Vives, surge inevitablemente la pregunta sobre la formación intelectual de quien los plasmó en sus páginas.

Para Calero, las referencias médicas contenidas en El Quijote no constituyen simples observaciones ocasionales, sino que forman parte de una concepción coherente de la salud basada en la prevención, la dietética y el conocimiento de la medicina clásica. Esa circunstancia añade un nuevo elemento de reflexión al debate sobre la identidad de su autor.

Con independencia de la posición que cada lector adopte en esa controversia, el trabajo pone de manifiesto la extraordinaria densidad cultural de la obra. El Quijote aparece así no solo como una creación literaria de primer orden, sino también como un depósito de saberes humanísticos, científicos y filosóficos que continúan revelando nuevas dimensiones más de cuatro siglos después de su publicación.

Y precisamente esa riqueza intelectual es la que explica que la gran obra de nuestras letras siga dialogando con el presente. Como muestra este estudio de Francisco Calero, sus enseñanzas sobre la alimentación, la prevención y el cuidado de la salud conservan una actualidad sorprendente en una época en la que la medicina vuelve a conceder una importancia creciente a los hábitos de vida como fundamento del bienestar humano.




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