FRANCISCO TIRADO MORAL: EL ECONOMISTA QUE CAMBIÓ LOS BALANCES FINANCIEROS POR LOS ARCHIVOS DE LA HISTORIA
Pasión por la historia y rigor financiero: El viaje vital de Francisco Tirado Moral
A menudo pensamos en las trayectorias profesionales como caminos lineales, pero las mentes movidas por una curiosidad insaciable rara vez se conforman con una sola dirección. Francisco Tirado Moral (Villargordo, Jaén, 1957) es el ejemplo perfecto de cómo disciplinas aparentemente distantes pueden converger para dar lugar a una mirada única sobre el pasado.
Aunque inició su etapa universitaria cursando tres años de Medicina en Barcelona, el destino y su temprana vinculación al sector bancario en 1975 lo guiaron hacia el mundo de las finanzas. Diplomado en Ciencias Económicas y con un Máster en Análisis del Riesgo Financiero, Tirado Moral consolidó una dilatada y exitosa carrera como directivo en entidades de la relevancia del Banco Exterior, Argentaria o el Banco Santander.

Sin embargo, tras colgar el traje de ejecutivo y jubilarse en 2019, lejos de optar por el reposo, decidió activar una vocación que llevaba años latente. Aplicando el estricto método analítico del economista a los legajos antiguos, censos y árboles genealógicos, ha desarrollado desde entonces una prolífica labor como historiador, investigador y divulgador. A través de numerosos ensayos, colaboraciones en prensa y novelas históricas, Francisco viaja en el tiempo para rescatar la memoria colectiva, dar voz a las realidades olvidadas de las mujeres o poner en valor la dignidad de la España vaciada.
En la siguiente entrevista, conversamos con él sobre su apasionante transición de los números a los nombres, el poder de la genealogía para entender quiénes somos y los secretos históricos que guardan los archivos.
—PREGUNTA: DE LOS NÚMEROS A LOS NOMBRES. Después de una dilatada carrera en entidades como el Banco Exterior, Argentaria o Santander, se jubila en 2019. ¿Cómo nace en ese momento su interés por la genealogía y la historia? ¿Fue una vocación latente o un descubrimiento tras colgar el traje de directivo?
—RESPUESTA: Mi interés por la genealogía y la historia no nació de forma repentina al jubilarme; más bien diría que fue una inquietud que siempre estuvo ahí, aunque durante mi vida profesional apenas dispuse del tiempo necesario para cultivarla. La jubilación me permitió dedicarme plenamente a una pasión que llevaba años latente. Siempre me habían interesado mis raíces familiares, la historia de mi pueblo y la evolución de las personas que me precedieron. Cuando dejé atrás las responsabilidades de la banca, encontré la oportunidad de investigar con rigor y profundidad aquello que siempre me había despertado curiosidad.
—PREGUNTA: EL MÉTODO DEL ECONOMISTA. La economía y el análisis de riesgos exigen un rigor analítico extremo. ¿De qué manera le ha servido su formación como economista a la hora de enfrentarse a legajos antiguos, censos y árboles genealógicos? ¿Se aplica la misma disciplina?
—RESPUESTA: Sin duda, mi formación como economista ha resultado muy útil en la investigación histórica y genealógica. Tanto en la economía como en la genealogía es imprescindible trabajar con datos, contrastar fuentes, detectar inconsistencias y extraer conclusiones fundamentadas. Los archivos históricos exigen la misma disciplina analítica que un informe financiero: no basta con encontrar un dato, hay que contextualizarlo, verificarlo y relacionarlo con otros documentos. En ese sentido, la metodología es sorprendentemente similar.
—PREGUNTA: EL GIRO DE LOS 180 GRADOS. En su juventud llegó a cursar tres años de Medicina antes de decantarse definitivamente por la banca. Mirando hacia atrás, y viendo su pasión actual por la historia, ¿siente que su vida ha estado marcada por la curiosidad de explorar campos muy diversos?
—RESPUESTA: Creo que toda mi trayectoria ha estado marcada por la curiosidad intelectual. Es cierto que inicié estudios de Medicina antes de orientar definitivamente mi carrera hacia la banca, pero nunca he entendido los conocimientos como compartimentos estancos. Siempre me ha interesado comprender cómo funcionan las cosas: la economía, la sociedad, la historia o incluso la biología humana. Mirando atrás, veo un hilo conductor claro: el deseo de aprender y de explorar ámbitos diversos del conocimiento.
—PREGUNTA: EL RETORNO A LOS ORÍGENES. Nació en Villargordo (Jaén), pero se trasladó a Barcelona con solo tres años. Sin embargo, gran parte de sus ensayos, como Apuntes Genealógicos y Notas de la Historia de Villargordo (en sus tomos de los siglos XIV al XIX), se centran en su pueblo natal. ¿Ha sido la genealogía su manera de reconectarse con la tierra de la que emigró de niño?
—RESPUESTA: Aunque me trasladé a Barcelona siendo muy pequeño, Villargordo siempre ha ocupado un lugar importante en mi identidad. La genealogía y la investigación histórica han sido una forma de reconectar con mis raíces y de comprender mejor el entorno del que proceden mi familia y mis antepasados, y los motivos que les indujeron a emigrar a tierras lejanas. A través de los documentos, los registros parroquiales y los archivos municipales he podido reconstruir no solo historias familiares, sino también la memoria colectiva de una comunidad que forma parte de quién soy.
—PREGUNTA: LA RADIOGRAFÍA DEL PASADO. En su trabajo El Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 en Villargordo, analiza un documento que es, en esencia, un gran censo económico y demográfico del siglo XVIII. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de la economía y la sociedad de la época al analizar este catastro con ojos de economista del siglo XXI?
—RESPUESTA: Al estudiar el Catastro del Marqués de la Ensenada me sorprendió especialmente el nivel de detalle con el que se registraba la realidad económica y social de mediados del siglo XVIII. Como economista, resulta fascinante comprobar hasta qué punto la tierra, la producción agrícola y la estructura familiar condicionaban la vida de las personas. También llama la atención la enorme diferencia en la distribución de la riqueza y la dependencia que existía respecto a los ciclos agrícolas. Es un retrato extraordinario de una sociedad muy distinta a la actual, pero que ayuda a comprender muchas dinámicas históricas posteriores.
—PREGUNTA: LA INTRAHISTORIA DE LOS SIGLOS XIV-XIX. Investigar la historia local de Villargordo a lo largo de tantos siglos requiere paciencia. ¿Cuál ha sido el hallazgo genealógico o la anécdota histórica que más le ha emocionado descubrir sobre sus paisanos?
—RESPUESTA: Han sido muchos los hallazgos emocionantes, pero quizá el más gratificante ha sido descubrir el origen de mi apellido “Tirado”; en el periodo bajo-medieval de Andalucía con ese apellido se identificaba a los niños y niñas que procedían de orfanatos o, simplemente, de padres desconocidos o fallecidos y se trasladaba invariablemente a las siguientes generaciones (en otras regiones el apellido era diferente: “Expósito”, “Iglesias”, “Nomdedeu”, etc.). Ese aspecto era relevante conocerlo, porque la llamada “Pureza de Sangre” tenía un importante valor jurídico y social. Encontrar la trayectoria completa de una familia a lo largo de varios siglos o descubrir cómo determinados apellidos han permanecido vinculados al pueblo generación tras generación me ha producido también una enorme satisfacción. Por otra parte, me han impresionado las historias de superación, emigración y resiliencia que aparecen constantemente en los documentos.

—PREGUNTA: LA ESPAÑA QUE SE RESISTE. Su obra La Ramajería: una historia genealógica de la España Vacía toca un tema de dolorosa actualidad. ¿Qué papel juega la genealogía para devolver la dignidad y el recuerdo a las zonas rurales que hoy sufren la despoblación?
—RESPUESTA: La genealogía desempeña un papel fundamental en la recuperación de la memoria de las zonas rurales. La llamada “España vacía” corre el riesgo de perder no solo población, sino también parte de su patrimonio humano e histórico. Investigar y documentar las familias, los linajes y las comunidades permite preservar esa memoria colectiva y recordar que detrás de cada pueblo existen generaciones enteras de hombres y mujeres que contribuyeron a construir nuestro país. La genealogía es, en cierto modo, un acto de reconocimiento y de justicia histórica.
—PREGUNTA: LA VOZ DE LA MUJER EN LA HISTORIA. En su bibliografía destaca el título «La Malcasada». ¿Qué nos puede contar sobre este ensayo? ¿Aborda las realidades sociales o matrimoniales de las mujeres en épocas pasadas a través de los registros históricos?
—RESPUESTA: En el relato de “La Malcasada” quise acercarme a una realidad que con frecuencia ha permanecido oculta en los relatos históricos tradicionales: la presentación de una solicitud de Divorcio en el siglo XVIII ante un tribunal eclesiástico. Concretamente la historia que describo nace de un manuscrito hallado en el Archivo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo (Salamanca). A través de documentos y registros históricos se pueden conocer mejor las circunstancias sociales, familiares y matrimoniales que condicionaron la vida de muchas mujeres en épocas pasadas. Mi intención fue dar visibilidad a experiencias que rara vez aparecen en los grandes relatos históricos, pero que resultan esenciales para comprender la sociedad de cada época.
—PREGUNTA. EL HÁBITO DE ESCRIBIR. Es colaborador habitual del Diario de Jaén, de las revistas Pueblo y Cultura, Menxivar Historia y del Boletín de Estudios Giennenses. ¿Qué le aporta la divulgación en prensa y boletines especializados en comparación con la redacción de sus libros? ¿Cómo recibe la comunidad local sus investigaciones?
—RESPUESTA: La divulgación en prensa y en publicaciones especializadas me permite trasladar a un público más amplio el resultado de mis investigaciones. Los artículos ofrecen la posibilidad de abordar temas concretos, compartir hallazgos recientes y generar diálogo con personas interesadas en la historia local. Los Ensayos, en cambio, permiten desarrollar investigaciones más amplias y profundas. Finalmente, la novela hace más fácil la lectura y entender el contexto en el que se desarrollaron los hechos relatados. La respuesta de la comunidad a la que me dirijo suele ser muy positiva porque existe un interés creciente por conocer la historia cercana, la de nuestros pueblos y nuestras familias.
—PREGUNTA: INVESTIGAR DESDE LA DISTANCIA. Actualmente reside en Alicante, su último destino profesional, pero su foco histórico sigue muy ligado a Jaén. ¿Cómo gestiona la distancia física a la hora de consultar archivos parroquiales o municipales? ¿Ha facilitado la digitalización su labor investigadora?
—RESPUESTA: La distancia física supone algunas dificultades, especialmente cuando es necesario consultar documentación que todavía no está digitalizada. Sin embargo, las nuevas tecnologías han transformado profundamente la investigación histórica. Hoy es posible acceder a numerosos archivos, bases de datos y fondos documentales desde cualquier lugar. La digitalización ha facilitado enormemente el trabajo de los investigadores, aunque sigue siendo insustituible la visita presencial a determinados archivos cuando se requiere consultar documentación original.
—PREGUNTA: EL VALOR DE LA GENEALOGÍA HOY. Para quien piense que la genealogía es solo una lista de nombres y fechas del pasado, ¿Cuál diría que es el verdadero valor de saber de dónde venimos?
—RESPUESTA: La genealogía es mucho más que una sucesión de nombres y fechas. Nos ayuda a comprender quiénes somos, de dónde venimos y cómo las decisiones de generaciones anteriores han influido en nuestras vidas; también nos permite valorar el esfuerzo, los sacrificios y las experiencias de quienes nos precedieron. La genealogía está íntimamente conectada con la Medicina, ayuda a detectar antecedentes familiares y enfermedades hereditarias. Conocer nuestras raíces no significa vivir anclados en el pasado, sino entender mejor nuestro presente y transmitir ese legado a las generaciones futuras.
—PREGUNTA: PRÓXIMOS FOLIOS EN BLANCO. Con tantos ensayos ya publicados desde su jubilación en 2019, ¿hay algún nuevo proyecto, linaje o periodo histórico en el que esté sumergido actualmente y que podamos ver publicado próximamente?
—RESPUESTA: Son varios los proyectos que desarrollo actualmente. El más inminente es la publicación de mi segunda novela, basada en un hecho histórico que conmocionó a la sociedad giennense de mediados del siglo XVII: el asesinato del Corregidor de Jaén, y las consecuencias que se derivaron de ello (interrogatorios, prisión, condenas a galeras de los acusados, etc.). Pero no dejo de lado mi actividad investigadora; en ese sentido son varios los manuscritos medievales que estoy transcribiendo y que relatan temas apasionantes: fundación y evolución de “capellanías”, permisos para viajar a las “Indias”, hojas de servicios militares del siglo XVIII, etc. Son, en fin, tareas que mantiene mi intelecto activo y que me permiten conocer a otras personas con inquietudes afines y además de mantenerme activo.

El hilo invisible que nos une con el ayer
Escuchar a Francisco Tirado Moral es comprender que la historia no es una fría acumulación de fechas e hitos lejanos, sino una suma viva de decisiones, sacrificios y resiliencia de quienes nos precedieron. Con la misma precisión con la que un día analizó riesgos financieros, hoy se sumerge en manuscritos medievales, testamentos y archivos eclesiásticos no solo para reconstruir linajes, sino para hacer justicia histórica con su tierra natal y con comunidades enteras que el tiempo amenaza con borrar.

Desde su actual residencia en Alicante, y con la mirada siempre puesta en el Jaén de sus orígenes, Francisco nos demuestra que la jubilación puede ser el capítulo más enriquecedor de una vida si se aborda con el intelecto activo y la curiosidad intacta. A las puertas de publicar su segunda novela —un intrigante relato sobre el asesinato del Corregidor de Jaén en el siglo XVII—, este economista reconvertido en detective del pasado nos deja una valiosa lección: conocer nuestras raíces no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta indispensable para iluminar el presente y proyectar el futuro.


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