EL TEMOR A DIOS EN EL QUIJOTE
La labor pedagógica llevada a cabo por don
Quijote para educar a Sancho tiene su culminación en los consejos que le da
para gobernar bien la Ínsula, ya hacia los finales de la Segunda Parte del
Quijote. El primer consejo procede de la Biblia y, más concretamente, del
Antiguo Testamento, II, 42, pág. 1059:
«Primeramente, ¡oh, hijo! has de temer a Dios,
porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en
nada».
Esta cita bíblica tenía una gran importancia
para don Quijote. Poco antes, en un contexto diferente, la había utilizado en
el episodio de Las bodas de Camacho, II, XX, pág. 873:
«Pero yo no acabo de entender ni de analizar
cómo siendo el principio de la sabiduría el temor a Dios, tú, que temes más a
un lagarto que a Él, sabes tanto».
Y, Sancho, que no quedó satisfecho con que don
Quijote dudara de que él también temía a Dios, le replicó:
«Juzgue vuesa merced, señor de sus caballerías
─respondió Sancho─ y no se meta en juzgar de los temores o valentías ajenas,
que tan gentil temeroso soy de Dios, como cada hijo de vecino».
Este pensamiento bíblico del temor de Dios
─papel fundamental en la relación de Dios con su pueblo─ está en tres libros
del Antiguo Testamento: Salmos, Proverbios y Eclesiástico. En Proverbios, 1, 7, leemos:
«El
principio de la sabiduría es el temor a Yahvé» (Traducción de F. Nácar y A. Colunga).
Hay que tener en cuenta que el término hebreo
utilizado tiene, además del significado básico de temor, el matiz de
reverencia, basada en el reconocimiento de la grandeza de Dios y de la poquedad
del hombre. Se trata, por lo tanto, de un temor reverencial que predispone a
los hombres a aceptar las enseñanzas sapienciales procedentes de Dios.
Evidentemente, los estudiosos del Quijote ─ una
obra tan rica en sabiduría y erudición─, deben analizar las posibles fuentes
que inspiraron sus alusiones y referencias, ya provengan del mundo grecolatino,
de la tradición bíblica o de pensadores como Juan Luis Vives, uno de los
intelectuales más importantes e influyentes de toda la historia de España.
Siendo muy joven, con tan sólo veinte años,
Vives escribió una obra muy breve, pero de gran profundidad y belleza
literaria: Sapiens (El sabio). En este diálogo, el propio Vives y sus
amigos salen en busca de un hombre sabio, y no lo encuentran en su charla con
un gramático, un poeta, un dialéctico, un filósofo de la naturaleza, un
profesor de retórica, un astrólogo, un jurisconsulto, un matemático y un
médico. Al final, un teólogo, apartado del mundo, les revela que la verdadera
sabiduría, distinta de los conocimientos científicos, tiene su principio en el
temor de Dios:
─Gaspar: te suplicamos, buen hombre, que nos
manifiestes qué piensas de la sabiduría, de forma que te llene la gracia del
Paráclito.
─Teólogo: ¿Acaso no es he dicho con razón que os
habéis reunido en el nombre del Señor, pues buscáis la sabiduría, esto es, al
hijo de Dios? Sobre ella pienso en breves palabras, pues se acerca la noche, lo
siguiente: ella es, si alguien puede alcanzarla de algún modo, más importante
que cualquier tesoro, que todos los demás bienes, a la que no compra ninguna
bolsa de monedas, a la que no vende la suave y seductora elocuencia, sino el
temor de Dios y una mente consciente de lo que para ella es lo recto: el inicio
de la sabiduría (dicen los sapientísimos Padre e Hijo) es el temor de Dios…. Aquí,
apartado de la multitud de las gentes y también sin gloria, temo ante todo a
Dios. Quien lo teme, ¿cómo puedes imaginar que hará cosas malas? No me
encolerizo con nadie…no me alegro en vano yo a quien ha abrazado el temor de
Dios, me alegro en el verdadero temor de Dios, no odio a nadie, yo que amo a
Dios y a todos los hombres, en él se me aumenta la sabiduría. (Traducción de F. Calero y M.A. Coronel).
De este texto se puede colegir que el temor de
Dios es una de las ideas clave de la configuración del pensamiento de Juan Luis
Vives, muy presente también en El Quijote.
«Siendo sabio ─afirma don Quijote ─no podrás errar en nada».
Una sentencia en perfecta sintonía con la de Vives: «Y, quien lo teme, ¿cómo
puedes imaginar que hará cosas malas?».

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