LEYÓ CERVANTES A CATULO
Este artículo analiza el capítulo XVI de la Segunda Parte de El Quijote, en el que Don Quijote mantiene un elevado diálogo con el Caballero del Verde Gabán relacionado con la poesía y la moralidad. Aquí, Don Quijote afirma que el poeta debe ser casto tanto en su vida como en sus versos. La crítica ha relacionado tradicionalmente esta afirmación con un epigrama de Marco Valerio Marcial; sin embargo, un examen más detenido de la formulación léxica y conceptual del pasaje sugiere una afinidad mayor con el poema 16 de Cayo Valerio Catulo, conocido y citado por Juan Luis Vives en su reflexión sobre la ética literaria.
La cuestión no es menor. Identificar correctamente la fuente clásica de la cita implica reconsiderar el horizonte cultural en que se inscribe el Quijote y el nivel de formación humanista que presupone.
Cayo Valerio Catulo (c. 84–54 a. C.) fue uno de los grandes poetas líricos de la Roma republicana tardía. Nacido en Verona y activo en el ambiente literario de Roma, perteneció al grupo de los llamados poetae novi (poetas nuevos), que defendían una poesía breve, refinada y de inspiración helenística, frente a la tradición épica más solemne.Su obra, conservada en un único libro de 116 poemas, abarca composiciones amorosas —célebres son las dedicadas a “Lesbia”—, piezas satíricas, invectivas violentas y poemas de gran delicadeza emocional. Catulo combinó una extraordinaria sensibilidad lírica con un lenguaje a veces descarnado y provocador, lo que explica que algunos de sus poemas, como el número 16, fueran considerados obscenos en épocas posteriores.
En ese poema 16, Catulo distingue entre la vida moral del poeta y la libertad expresiva de sus versos, afirmando que el escritor debe ser personalmente casto, aunque sus composiciones no lo sean necesariamente. Esta reflexión sobre la relación entre ética y literatura —planteada en tono desafiante— tuvo amplia resonancia en el humanismo renacentista y resulta clave para comprender debates posteriores sobre la moralidad del arte.
El poeta romano Catulo tiene una curiosa presencia en el Quijote, como lo puso de manifiesto el filólogo Antonio Barnés Vázquez en su libro Yo he leído en Virgilio: la tradición clásica en el Quijote (2009). En efecto, descubrió y contabilizó nada menos que 1274 referencias explícitas e implícitas a autores grecolatinos, lo que demuestra la magnitud en términos de sabiduría y erudición del Quijote.
Algunas de ellas son de autores muy conocidos, como Virgilio, Ovidio, Homero, Aristóteles, Séneca, Tácito, etc., pero otras lo son de autores muy poco conocidos, como Claudio Donato, Apuleyo, Heliodoro, Teopompo, Tirteo, Papiniano, etc. Esto nos lleva a inferir el elevado nivel de dominio de la literatura griega y latina del autor del Quijote. Personalmente, creo que podría ser equivalente al de un catedrático de lenguas clásicas, dedicado plenamente a su estudio.
En principio, si atendemos a los escasos estudios documentados de Miguel de Cervantes y a la vida ajetreada que llevó, resulta difícil sostener que alcanzara el grado de formación clásica que late en El Quijote. No se trata de negar su talento, sino de ponderar si dispuso realmente del tiempo, los medios y el acceso a las fuentes necesarios para asimilar un caudal tan vasto de erudición antigua.
Los cervantistas suelen aducir que pudo servirse de traducciones para incorporar citas y referencias. Sin embargo, ese argumento no resuelve la dificultad, pues varios de los autores aludidos no habían sido vertidos al castellano en su tiempo. También se invoca con frecuencia su condición de genio; pero el genio, por brillante que sea, no suple la lectura. Si Cervantes no hubiera tenido acceso directo a obras como las de Heliodoro, difícilmente habría podido citarlas con conocimiento de causa.

«Castum»(Casto): la palabra clave
En el capítulo IV de la primera parte de mi libro El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda (Ed. BAC UNED, págs. 181-182) en el que abordo las diversas concordancias de textos de El Quijote con las obras latinas de Vives, comento que la cita de don Quijote, «Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos», está relacionada con un pasaje del humanista valenciano, Juan Luis Vives.
Esta cita, realizada por la última y definitiva edición de Francisco Rico (II, XVI, pág. 759) la encontramos al final del capítulo XVI de la Segunda Parte de El Quijote titulado «De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha», en el que don Quijote diserta con el Caballero del Verde Gabán sobre la poesía, defendiendo que el poeta tiene que ser casto tanto en sus costumbres como en sus versos.
Francisco Rico y sus colaboradores en su conocida edición pusieron el siguiente comentario a dicho pasaje:
«Varía el dicho de Marcial I, IV, 8: Lasciva est nobis pagina vita proba».
Este verso de Marcial se puede traducir así:
«Mi página es libertina, pero mi vida es honesta».
Don Quijote, sin embargo, no estaba pensando en el poema citado de Marcial, sino en el de Catulo —el 16— otro gran poeta romano. Por tanto, en este sentido, no estuvieron acertados Rico y sus colaboradores, porque don Quijote tuvo en «in mente» al hacer su reflexión el poema 16 de Catulo, un poema, por cierto, bastante obsceno, como se puede apreciar:
« Castum esse decet pium poetam
CAYO VALERIO CATULO
ipsum, versiculos nihil necesse».
Es importante hacer la observación de que don Quijote utiliza dentro de su argumentación la palabra casto, la misma que aparece en latín “castum” del poema de Cayo Valerio Catulo, lo que nos lleva a la conclusión de que la fuente exacta en la que se apoya don Quijote no puede ser la del poema de Marcial sino la de Catulo. Y, puesto que Juan Luis Vives —un hombre muy virtuoso— conocía perfectamente la obra del poeta romano Catulo, no puede sorprendernos que se manifestara en contra de lo expuesto por Catulo, defendiendo claramente que el poeta tiene que ser casto tanto en su vida como en sus versos.
Exactamente, Vives expresa claramente esta idea en su obra «Veritas fucata»(La verdad maquillada), dedicada a exponer su teoría literaria. En relación con los versos quinto, sexto, séptimo y octavo del poema 16 de Catulo (Edición de Gregorio Mayans de las obras completas de Vives, vol. II, pág. 530), escribió:
«Nam castum esse decet pium poetam Ipsum, versiculos nihil necesse est. Qui tum denique habent salem ac leporem. Si sunt molliculi ac parum pudici»
JUAN LUIS VIVES
La traducción realizada al castellano por Arturo Soler Ruiz para la Editorial Gredos de este poema es la siguiente:
«Es verdad que, si conviene que el poeta piadoso sea casto personalmente, en nada es forzoso que lo sean sus versos, ya que entonces al fin tienen sal y gracia, si son muy sensuales y poco pudorosos».
Por lo tanto, ante esta información, la pregunta se impone por sí misma: ¿Leyó Cervantes a Catulo? Y, más aún: ¿Leyó el poema 16?
Sabemos que durante los siglos XVI y XVII apenas circularon en español traducciones de Catulo, entre las que no se encontraban, precisamente, el poema 16. Ese texto provocador contiene una afirmación decisiva para la teoría literaria moderna: la separación entre la moral del autor y la libertad de su obra.
Quien sí conocía muy bien a Catulo era Juan Luis Vives. No solo lo cita: lo interpreta. Y lo hace, además, en un contexto jurídico, lo cual añade un matiz revelador. Vives traduce y comenta el célebre pasaje citado, «Es verdad que, si conviene que el poeta piadoso sea casto personalmente, en nada es forzoso que lo sean sus versos, ya que entonces al fin tienen sal y gracia, si son muy sensuales y poco pudorosos», proponiendo con fondo doctrinal que el Senado romano derogue la “ley de Catulo” transmitida en esos versos. Por lo tanto, no estamos ante una cita ornamental, sino ante una reflexión consciente sobre la condición moral de la literatura.
«Se añadió no una condición sino una exhortación a que en el próximo decreto del senado fuese derogada la ley de Catulo, transmitida en estos versos».
JUAN LUIS VIVES
La cuestión es clara: si el poema número 16 no circulaba en español, si su contenido no era de dominio común, y si su interpretación exige una formación humanística sólida en latín clásico:
¿De dónde procede en la tradición cervantina esa concepción de la autonomía del texto respecto del autor?
¿Cómo pudo Cervantes conocerlo e inspirarse en él?
Si el profesor Francisco Rico —con toda una vida didáctica e investigadora intensa dedicada al Quijote— y sus colaboradores no llegaron a identificar la fuente exacta de las palabras de don Quijote, debemos pensar que también lo tuvo que ser para Cervantes. Recordemos que los profesores citados son filólogos de primerísima fila y de muchísimo prestigio. Se admite, sin embargo, con toda naturalidad que Cervantes — quien fue calificado en su época, por cierto, de «ingenio lego» por carecer de conocimientos suficientes de latín y de griego—, conocía el poema de Catulo, aduciendo que, si no lo hubiera conocido, era imposible que utilizara la misma palabra clave: casto. Evidentemente, tampoco es aceptable esgrimir que Cervantes pudo servirse de una traducción, porque de Catulo solo se tradujeron durante los siglos XVI y XVII dos poemas: el 5 y el 72.
Conclusiones definitivas
Del análisis de las palabras de don Quijote, «Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos», podemos sacar las siguiente conclusiones definitivas:
Que esa cita, contenida en el capítulo XVI de la Segunda Parte del Quijote dentro del conocido episodio del Caballero del Verde Gabán, está inspirada en el poema número 16 de Catulo y no, como defendió el profesor Rico en su edición, en el verso de Marco Valerio Marcial.
Que, si eminentes catedráticos de filología y especialistas en El Quijote no llegaron a identificar la fuente exacta de lo expresado por don Quijote, resulta «de toda imposibilidad imposible», sirviéndonos de esta expresión contendida en el Quijote (II, 3) que Cervantes —sin ninguna formación académica superior, con una vida alejada de la actividad intelectual y de creación literaria y calificado en su época de «ingenio lego»— conociera y pudiera citar los poemas de Catulo.
Que es muy significativo que El Quijote y Juan Luis Vives coinciden en sostener una postura diametralmente opuesta a la del poeta latino. Recordemos que Catulo afirmó que el poeta debe ser casto en su vida, pero no necesariamente en sus versos; por el contrario, don Quijote y Vives defienden que el poeta ha de ser casto tanto en su vida como en su obra. Tal coherencia moral se corresponde perfectamente con Vives, a la luz de su biografía y de sus escritos.
A la luz de esta conclusión:
¿Puede afirmarse que Miguel de Cervantes —de acuerdo con la biografía que conocemos— asumió el principio de Juan Luis Vives de que un poeta debe ser casto tanto en su vida como en sus escritos?
Bibliografía.

Autobiografía de Juan Luis Vives: Una vida modélica dedicada al estudio y la escritura



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