JUAN LUIS VIVES Y EL QUIJOTE: TRES BOTONES DE MUESTRA

 



Américo Castro escribió en su obra El pensamiento de Cervantes (1925-Pag.339) que:


«Mucho más nos habría valido que, como en el caso de Shakespeare, se discutiera si él fue realmente el autor de esas obras admirables».



Este gran filólogo, historiador y cervantista español, perteneciente a la generación del novecentismo, calificó a El Quijote como obra erasmista, humanista, renacentista, profundamente innovadora y una reflexión magistral sobre la complejidad de la experiencia humana.


Castro consideraba que El Quijote iba mucho más allá de una novela de aventuras o de humor. Se trata de un texto cargado de significados filosóficos, éticos y sociales, alejado de las convenciones literarias de su tiempo, ofreciendo una visión crítica de la realidad.


Para Castro, El Quijote rompe con las narrativas lineales y simplistas, introduciendo el uso del perspectivismo, el humor y una reflexión metatextual sobre la propia literatura. Su autor, no solo crea una novela ─la primera novela moderna─, sino que transforma completamente el género literario.


Además, Castro calificó a Cervantes como “ingenio lego” para resaltar el carácter autodidacta y no académico de su formación intelectual, en contraste con los eruditos de su tiempo que provenían de las universidades o de ámbitos eclesiásticos; observó en El Quijote una obra que trasciende su tiempo y que plantea interrogantes universales, mostrando a su autor como un pensador profundamente moderno y adelantado a su época; y detectó ecos del pensamiento de Juan Luis Vives ─ un pensador español que desarrolló una filosofía ética, pedagógica y práctica centrada en la condición humana ─en El Quijote, particularmente en su crítica a las ficciones desmedidas, su humanismo práctico y su enfoque en las tensiones entre ideales y realidad, características esenciales del humanismo renacentista.


Américo Castro nunca afirmó que Cervantes hubiese leído directamente las obras de Juan Luis Vives. Especuló, eso sí, con la idea de que Cervantes pudo ser un heredero de la tradición humanista que Vives ejemplificó. 


Pero: ¿hasta el punto de ser capaz de plasmar en El Quijote toda la imponente sabiduría y erudición que contiene? De nuevo, “De toda imposibilidad, imposible”. 


Sí, en efecto, de toda “imposibilidad, imposible”. «Los frutos del ingenio, como comúnmente todos los de la Naturaleza ─como ha escrito el escritor, archivero y bibliotecario español, Justo García Soriano, en su obra “Los dos Quijotes” ─ no se producen por misteriosa inspiración, por obra del Espíritu Santo o por generación espontánea. Se hallan determinados por los precedentes y demás factores que cooperan a su gestación y alumbramiento».


Así que, a continuación, de la mano del profesor Francisco Calero, presento tres botones de muestra de los ecos del pensamiento de Juan Luis Vives en El Quijote: Breve comentario al pasaje del caballero del verde gabán; Exégesis sobre los gimnosofistas en el episodio del canónigo de Toledo; y El mito de la Edad de Oro en El Quijote.  


Como sabemos, la metáfora de los "botones de muestra" se utiliza para aludir a la práctica de mostrar un pequeño ejemplo que es representativo de un conjunto más grande o de una totalidad. Proviene de la costumbre de los sastres de exhibir botones como una muestra de la calidad de los materiales o del trabajo que ofrecen, implicando que lo que se ve en el botón puede extrapolarse al resto de la prenda.


Creo que estos tres botones de muestra ─ proporcionados por el profesor Calero─, son pruebas o evidencias irrefutables que sustentan firme y suficientemente la tesis de que la verdadera autoría de los “Quijotes” de Cervantes y Avellaneda es de Juan Luis Vives.

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-EXÉGESIS SOBRE LA CITA: "SI EL POETA FUERE CASTO EN SUS COSTUMBRES, LO SERÁ TAMBIÉN EN SUS VERSOS"-


En el capítulo IV de la primera parte de mi libro “El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda” (Ed. BAC UNED, págs. 181-182) en el que abordo las diversas concordancias de textos de El Quijote con las obras latinas de Vives, comenté que la cita de don Quijote, «Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos», está relacionada con un pasaje del humanista valenciano, Juan Luis Vives.


Esta cita —que la hago por la última y definitiva edición del gran cervantista, Francisco Rico, II, XVI, pág. 759— la encontramos al final del capítulo XVI de la Segunda Parte de El Quijote titulado “De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha”, en el que don Quijote diserta con el Caballero del Verde Gabán sobre la poesía, defendiendo que el poeta tiene que ser casto tanto en sus costumbres como en sus versos.




Rico y sus colaboradores pusieron el siguiente comentario a dicho pasaje: «Varía el dicho de Marcial I, IV, 8: Lasciva est nobis página vita proba».


Este verso de Marco Valerio Marcial se puede traducir de la siguiente manera:


«Mi página es libertina, pero mi vida es honesta»; sin embargo, a mi juicio, don Quijote no estaba pensando en el poema citado de Marcial, sino en el poema número 16 de Cayo Valerio Catulo, otro eminente poeta romano de finales del periodo republicano.


El gran humanista valenciano, Juan Luis Vives, incluyó en su obra “Veritas fucata” (“La verdad maquillada”), dedicada a exponer su teoría literaria, los versos quinto, sexto, séptimo y octavo del poema 16 de Catulo (Edición de Gregorio Mayans de las obras completas de Vives, vol. II, pág. 530):

 

«Nam castum esse decet pium poetam

Ipsum, versiculos nihil necesse est.

Qui tum denique habent salem ac leporem

Si sunt molliculi ac parum pudici»


La traducción realizada al castellano por Arturo Soler Ruiz para la Editorial Gredos de este poema es la siguiente:


«Es verdad que, si conviene que el poeta piadoso sea casto personalmente, en nada es forzoso que lo sean sus versos, ya que entonces al fin tienen sal y gracia, si son muy sensuales y poco pudorosos».


 Don Quijote, en su cita, utiliza la palabra casto, la misma que aparece en latín “castum” del poema de Cayo Valerio Catulo, lo que nos lleva a la conclusión de que la fuente exacta de la cita de don Quijote no puede ser la del poema de Marcial sino la de Catulo; y, puesto que  Juan Luis Vives conocía perfectamente la obra del poeta romano Catulo y  que era un hombre muy virtuoso, no debería sorprendernos que  se manifestara en contra de lo expuesto por Catulo, al defender claramente que el poeta tenía que ser casto tanto en su vida como en sus versos.


De Catulo solamente fueron traducidos al español tres poemas durante los siglos XVI y XVII, entre los que no figuran el número 16. Entonces, ¿Cómo pudo Cervantes conocerlo e inspirarse en él?


 Américo Castro, el gran cervantista por excelencia del siglo XX, calificó “El Quijote” como una obra renacentista, humanista, erasmista y sensibilizada con la cuestión de los llamados “judíos conversos”. En su obra El pensamiento de Cervantes (1925) hizo numerosas referencias a las obras de Vives. Castro vio a Vives en el Quijote.


 «Cervantes —escribió— se nos muestra plenamente como una de las más espléndidas floraciones del humanismo renacentista».


Así, pues, de este breve análisis de la cita de don Quijote, «Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos», podemos extraer las siguientes conclusiones:


Primera: Que esta cita contenida en el capítulo XVI de la segunda parte de El Quijote titulado “De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha” — popularmente conocido como el episodio del caballero del verde gabán—, está inspirada en el poema número 16 del poeta latino Cayo Valerio Catulo y no, como dictaminó el profesor Francisco Rico y sus colaboradores, en el dicho de Marco Valerio Marcial, «Mi página es libertina, pero mi vida es honesta».


Segunda: Que nos consta que el humanista valenciano, Juan Luis Vives, era un perfecto conocedor de la obra del poeta Catulo, y que dominaba el latín y el griego.


Tercera: Que existe una total concordancia entre lo expresado por don Quijote, afirmando que el poeta debe ser casto tanto en sus costumbres como en sus versos, con el pensamiento y la vida del gran humanista valenciano, Juan Luis Vives, un hombre ejemplar tanto en su obra literaria como humana.


Cuarta: Que la cita de don Quijote «Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos», es una importante referencia de las ideas de Vives sobre la ética y la posición del hombre en el mundo, una temática que abordó ampliamente en sus obras; un botón de muestra que confirma la tesis del filólogo, historiador y cervantista, Américo Castro, de la influencia del pensamiento de Juan Luis Vives en El Quijote.

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-EL MISTERIO DE LOS GIMNOSOFISTAS QUE HABITABAN ETIOPÍA-


En el episodio de “El canónigo de Toledo”, don Quijote se enorgullece de ser caballero andante y dice:


«Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamás la fama se acordó para eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia, y de cuantos magos crió Persia, brahmanes la India, gimnosofistas la Etiopia, ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado en los venideros siglos, donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir, si quisieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las armas». (El Quijote, I, XLVII).


Como es bien sabido, en la antigüedad grecolatina se reconoció la existencia de hombres muy sabios procedentes de diversas partes del mundo. Normalmente, los brahmanes y los gimnosofistas fueron situados en la India, los magos en Persia y los druidas en la Galia. Por ello, llama la atención que don Quijote ubicara a los gimnosofistas (“sabios desnudos”) en Etiopía.


Pues bien: ¿De dónde procede la idea de que los gimnosofistas habitaban en Etiopía?




La respuesta la podemos encontrar en un autor griego muy poco conocido, perteneciente al movimiento de la Segunda Sofística, llamado Filóstrato de Atenas (170-247 d.C.), autor de “Vida de Apolonio de Tiana”. Esta obra se la dedicó a Julia Domna, esposa del emperador romano Lucio Septimio Severo (193-211 d.C.), gran mecenas de la literatura y la filosofía. Se trata de una biografía novelada que relata la vida, viajes y enseñanzas de Apolonio de Tiana, un filósofo y místico del siglo I d.C. En esta obra Apolonio es presentado como un sabio itinerante que combina rasgos de filósofo, taumaturgo y profeta.


Todos los autores antiguos como Plinio, Solinio, Estrabón, Apuleyo, Porfirio o San Agustín localizaron a los gimnosofistas en la India; sin embargo, Juan Luis Vives, en sus comentarios a La Ciudad de Dios de San Agustín, trató de explicar la opinión distinta de Filóstrato con respecto a la procedencia de los gimnosofistas en el siguiente pasaje de la obra citada (Edición Ayuntamiento de Valencia, realizada por Rafael Cabrera Petit. XIV, 17, Pag. 1406):


«Pero no yerra Filóstrato. Cierto, el origen de esos filósofos se remonta a la India, país en el que a decir de Estrabón, Libro XVI, hubo dos clases de sabios. Por una parte, los que vivían en las ciudades y se llaman civiles, brahmanes en la lengua local. Por otro lado, existían en ese mismo territorio, unos filósofos que habitaban en el bosque desnudos, en ocasiones cubiertos con hojas y cortezas de árboles, llamados hermanos y gimnosofistas, de los que derivaron los gimnosofistas de Etiopía. En efecto, se cuenta que los ribereños del Indo se trasladaron con un ingente y poderosísimo ejército hasta Etiopía, instalándose junto al Nilo».


La localización de los gimnosofistas en Etiopía no fue, por lo tanto, una nueva locura de don Quijote, sino fruto del conocimiento que tenía el autor de El Quijote de la obra de Filóstrato, por cierto, muy poco conocida.  Lo pone de manifiesto el hecho de que ni siquiera el gran cervantista Francisco Rico y sus colaboradores hicieran ninguna aclaración a este relevante detalle.

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-EL ENIGMA DE LA EDAD DE ORO-


El capítulo XI de la primera parte de nuestra obra literaria más universal lleva por título “De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros”. En ese encuentro los cabreros ofrecieron a don Quijote bellotas y estas le trajeron el recuerdo de la Edad de Oro, que describe en un largo pasaje del que ponemos lo más significativo debido a la necesaria brevedad impuesta a este espacio de investigación.


«Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes…. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen».




Se puede decir que en la humanidad siempre ha existido el presentimiento de que los primeros tiempos fueron mejores que los actuales, y de ahí se originó el mito de las edades: de Oro, de Plata, de Bronce y de Hierro. 


El primero que las descubrió fue el gran poeta griego Hesíodo (700 a.C.) en su obra Trabajos y días; y luego lo hicieron otros grandes escritores como Virgilio, Ovidio o Séneca.


En El Quijote aparece una idea que no está en los autores clásicos y es que en la Edad de Oro no se conocían las palabras tuyo y mío, porque todas las cosas eran comunes, lo que equivale a decir que no existía la propiedad privada. Una idea completamente interiorizada por Juan Luis Vives, que tenía una conciencia social muy desarrollada, comprobable en su obra “De subventione pauperum”, la más importante e influyente sobre las soluciones de la pobreza.


Pues bien, en esta obra de 1526, escribió (I, cap. 9):


«El filósofo Platón decía que los Estados serían felices si de la vida de los hombres fuesen eliminadas aquellas dos palabras: mío y tuyo…Así que, lo que la naturaleza nos dio en común, nosotros nos lo apropiamos por nuestra avaricia»


Como se puede comprobar, en este texto aparecen las dos ideas del Quijote: repudio de las palabras mío y tuyo y la de que todos los bienes son comunes.


En el mismo sentido se pronunció unos años después en su obra pacifista de 1529 “De concordia et discordia in humano genere”, I:


«¡Con qué laxa, con qué voces se pronuncian las palabras mío y tuyo! ¿A cuántas ofensas, pleitos, disputas, riñas, luchas y muertes han dado origen? ¡Oh, palabras funestas para el género humano!»


En la Edad de Oro la justicia era respetada y practicada, como hemos comprobado en el pasaje citado del Quijote, pero en la Edad de Hierro la degeneración de los hombres llegó hasta tal punto que la justicia era despreciada y no tenida en cuenta, y por eso abandonó la tierra y se subió al cielo, donde se convirtió en la constelación de Virgo.


También, a ese hecho se hace referencia en el episodio del gobierno de Sancho en El Quijote (segunda parte, capítulo XLV):


«¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra la iré a buscar al cielo!»


De forma unánime, este pasaje ha sido interpretado en el sentido de la subida de la justicia al cielo. Vives se refirió a esa subida en su obra “De pacificatione” (1529), página 536:


«La salvación habrá huido de la tierra tanto como lo hizo la justicia, según dicen los poetas y no mienten».


Y, otra vez, en la obra “De Europae dissidiis et Republica” (1525), pp. 53-54:


«Di en dos palabras que cualquiera es enemigo de sí mismo, esto es, el malo del malo, pues la justicia, al irse de la tierra, se llevó al cielo consigo el amor y la benevolencia, permaneciendo el odio y la discordia como compañeros de la injusticia».


De estos breves pero magníficos textos, se puede sacar el corolario de que el anhelo de paz, igualdad entre los hombres, generosidad y justicia, expresado por los mejores escritores desde los inicios de la literatura en Grecia por medio del mito de la Edad de Oro, está muy presente en Juan Luis Vives y en El Quijote.



¿QUIÉN ESCRIBIÓ EL QUIJOTE?


                                        






 

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